Reciba nuestro Boletín

Nombres:

e-m@il:


       
ARTICULO TURISMO

Las amenazas sobre Galápagos


Galápagos es un escenario único en el mundo que – por un generoso capricho de la naturaleza – mantiene el 95% de su biodiversidad original. Sin embargo, tan maravilloso don está seriamente amenazado.

Entrevista: Marco Xuan

El cambio climático, la carga turística excesiva, la sobrepoblación, el tráfico marino excesivo, las especies extrañas introducidas, conspiran conjuntamente para ello. Tanto como para promover que el gobierno ecuatoriano declare, oficialmente, al archipiélago en peligro, e instituciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) se muestren preocupadas.

Turismo
El turismo en Galápagos representa un importante ingreso para los habitantes de las islas, y asimismo para el país. Su desarrollo ha representado puestos de trabajo y un importante cambio, incluso en las capacidades y voluntades para su conservación. Hasta un cierto límite. Pues trae consigo, al mismo tiempo, una carga de demandas sobre el ecosistema de las islas.

Con el incremento del turismo la población de la isla ha crecido, los barcos y botes que surcan el archipiélago han aumentado su capacidad y operan más días que antes, además de que ha llegado sobre todo fauna, pero también flora, de diversas especies que, juntos, traen consigo gérmenes y otros elementos extraños a los que no están habituadas las especies originarias de las islas. Agréguese a ello una creciente demanda de abastecimiento externo para una zona con pocos recursos, donde existen pocos productos de valor comercial y el costo de transporte es alto.

Según el informe “Galápagos en Riesgo: Un Análisis Socioeconómico de la Situación Actual en el Archipiélago”, de la Fundación Charles Darwin (Watkins, G. y F. Cruz, 2007), “Galápagos está experimentando un proceso de cambio acelerado que comenzó hace más de 15 años. El turismo ha crecido económicamente en un 14% anual durante los últimos 15 años. Esta tasa impresionante de crecimiento ha alcanzado tales niveles a pesar de la estabilidad relativa en el número de embarcaciones, que ha aumentado de 67 a 80 en los últimos 15 años. Antes de 1998, se permitió que las embarcaciones más pequeñas ampliaran su capacidad a 16 pasajeros y este cambio explica parcialmente cómo el número de plazas se incrementó de 1048 a 1805 en los últimos 15 años. Hoy los barcos y botes operan más días (en promedio están trabajando 60 días más por año); los operadores trabajan al 95% de su capacidad y con un promedio de 222 días al año. Al mismo tiempo, el promedio de días que los turistas se quedan en Galápagos ha disminuido. Estos cambios han permitido que el turismo crezca a un ritmo acelerado; una medida del impacto es el número de pasajero-días en los botes y barcos, el cual ha aumentado de 145,408 en 1991 a 363,226 en el 2006.”

Pobreza
Como es natural, todo se entrelaza en una cadena. Y las comunidades locales, que dependen de los recursos naturales para subsistir, han crecido desproporcionadamente, presionando más sobre los mismos. Es así que, por ejemplo, las islas Galápagos, enfrentan la posibilidad de un desastre ambiental sin precedentes como consecuencia de los métodos de pesca locales que amenazan la existencia de muchas especies en extinción.

Además, como dicen Watkins y Cruz, “estas limitaciones en el desarrollo sostenible afectan la toma de decisión de las autoridades, quienes deben proveer a la población de servicios públicos como agua, educación y salud. La provisión de estos servicios en las islas también padece por la falta de economías de escala, falta de recursos humanos y elevados costos de las materias primas. En resumen, la vida en islas es por lo general más difícil y normalmente más cara que la vida en el continente.”

Según el censo de 1998, las muy frágiles islas Galápagos son habitadas por 15,311 personas, de las cuales aproximadamente un tercio son nativos y el resto emigrantes principalmente de Ecuador continental. Extraoficialmente se supone que hay una población residente mayor a la de los datos oficiales. A la gran demanda de los residentes por servicios básicos como agua potable y electricidad, se agrega la de alrededor de 70,000 turistas anuales, de los cuales el 20% proviene del Ecuador y el resto de todo el planeta.

Ocurre que uno de los grandes problemas allí es la inequidad social y la pobreza en la zona – y en el país en general – que se ha reflejado en migraciones. Allí donde una aparente o real prosperidad ocurre, la necesidad agita los pies y también las ganas de migrar hacia aquel polo privilegiado.

La explotación de los recursos se da, entonces, de manera fuerte y no sostenible, pues se origina en un modo de desarrollo – sobre todo turístico o dependiente del turismo – basado en la libertad para lucrar de algunos con limitaciones legales y administrativas que se han revelado insuficientes, una distribución desigual de la riqueza, y la búsqueda angustiosa por satisfacer necesidades apremiantes de la mayoría.  

El cambio climático
Los daños ambientales en el archipiélago son notables. La extinción de un tipo de tortugas en la isla Pinta, una variedad de las famosas tortugas gigantes (Geochelone abingdoni), de la cual sólo hay un ejemplar cautivo, es un caso llamativo y, mediáticamente, penoso. Pero no es el único. Es que el desgaste de la biodiversidad por obra del hombre incide en cadena en la calidad de vida de las especies.

A lo que se agrega, cada vez más acentuadamente desde el siglo pasado, el anómalo incremento de temperaturas, la extensión de las zonas cálidas y la prolongación de los periodos de temperaturas más elevadas, como consecuencia del cambio climático.

Los corales, por ejemplo, son víctimas del proceso de contaminación del área. Lo que es sumamente grave, pues éstas forman la base alimenticia de todo el ecosistema marino de Galápagos. Últimamente se agregaron los corales de Floreana, solitario de Wellington y Polycyathus isabela a la Lista Roja de Especies Amenazadas, difundida por la Unión Mundial para la Naturaleza. En total 74 especies de algas de Galápagos entraron a dicha lista, de las cuales diez se encuentran en peligro crítico, e incluso seis habrían desaparecido. 

Los arrecifes coralinos, que se extienden entre los 20 grados norte y los 20 grados sur del planeta, necesitan aguas entre 18 y 22 grados, y abundan en las islas Galápagos, donde sostienen la vida. Pero ahora están amenazados de muerte. Una de las demostraciones más evidentes ha sido el blanqueo de las formaciones coralinas: el coral muere por el aumento de la temperatura.

El blanqueamiento puede desencadenarse por diversos factores ambientales, como una enfermedad, falta de luz solar o cambios en la salinidad del agua de mar. Sin embargo, la causa principal se debe, al parecer, al ascenso de la temperatura del agua. El aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y el calentamiento global que le es inherente son los factores que inciden en este proceso.

El deterioro de los arrecifes de coral se ha incrementado dramáticamente en el mundo, en los últimos 20 a 50 años, evento al que los científicos conocen como la crisis del coral. Las islas Galápagos no escapan a este fenómeno de gravísimas consecuencias, afectando de tal manera a los diversos componentes originarios de su rico y único ecosistema.

El tema es, entonces, grave. Y a menos que tomemos medidas serias para reducir la emisión de gases de invernadero y la dinámica del modelo desarrollo vigente, corremos el riesgo de perder los servicios ambientales que el arrecife nos proporciona. La fragilidad de estos ecosistemas y las amenazas de las que son objeto hacen más importante que nuca el diseñar políticas de protección que nos permitan conservar estos ecosistemas lo mejor posible para las generaciones futuras.
              
Manglares para la vida

Informes científicos indican graves daños en los manglares por el cambio climático, eficazmente ayudado en esto por la mano del hombre. Sin embargo, hay esperanza...

Texto: Silvia Sánchez Guzmán
Fotos: Alejandro Tello*

Cuando viaja uno al norte del Perú, a Tumbes específicamente, es casi ineludible la necesidad de pasar por un restaurante y deleitarnos con un buen cebiche de conchas negras o unas patas de cangrejos o langostinos, comida norteña deliciosa y presente en todos los restaurantes y familias locales. Esta introducción, ¿cómo se relaciona con los manglares? Pues es muy sencillo, casi toda la producción de conchas negras, cangrejos, peces, proviene de un ecosistema muy productivo como son los manglares. Y es así que en el Ecuador, buena parte de la alimentación se origina en los manglares.

Los manglares se distribuyen por las costas tropicales y ecuatoriales. En la costa occidental de América del Sur, los manglares más exuberantes se encuentran en Ecuador, desde la costa norte de Esmeraldas, mientras que en Perú (Tumbes) actualmente son alrededor de 7,000 hectáreas, y constituyen el área más austral de distribución de este importante ecosistema. Sólo hace 30 años su superficie fue tres veces mayor que el área hoy día existente en Perú, aunque son una continuidad natural y es eso lo más importante.

En situación crítica
Los manglares son humedales de alta capacidad de producción en recursos naturales y mantienen procesos biológicos y ecológicos, como los primeros estadios larvarios de langostinos, como los procesos de regeneración natural del mangle rojo, mangle blanco, entre otros. Su gran capacidad de resiliencia y flexibilidad para proveer recursos naturales, a pesar de las actividades antrópicas, hacen que hoy en día estén en una situación crítica.

Informes científicos producidos por UICN (2006) indican que el cambio climático está destruyendo los ecosistemas marinos tropicales debido al aumento de la temperatura del mar y a la acidificación de los océanos. A pesar de la resiliencia de los manglares, éstos también serán impactados por los cambios climáticos.

Los aumentos en la temperatura marina superficial y la acidificación de los océanos debido a mayores niveles de dióxido de carbono (CO2) disuelto, están llevando a un incremento del blanqueamiento masivo de corales y su mortalidad, al crecimiento reducido de los corales y esqueletos debilitados de los animales. En el caso de los manglares, la pérdida de estos es por cambios en los niveles del mar. El rápido aumento del nivel del mar, además de las tormentas tropicales violentas y cambios en las precipitaciones y salinidad que ocurren a medida que se calienta el planeta, también están afectando a los arrecifes de coral y manglares.

Cambio climático y la mano del hombre
Las medidas asumidas para la conservación de la diversidad biológica y sus procesos en este ecosistema son diversas. Pero pocas han sido asumidas por los sectores respectivos a nivel nacional y regional. Y es que el cambio climático para estos ecosistemas resulta irreversible. Los impactos dependerán del ritmo de aumento del nivel del mar en relación con los ritmos de crecimiento y de suministro de sedimentos, espacio y obstáculos para la migración horizontal, cambios del entorno clima-océanos, tales como temperaturas de la superficie del mar, así como presiones procedentes de actividades humanas en las zonas costeras.

El desarrollo de la acuicultura, especialmente las langostineras, son las causantes del primer gran impacto sobre el deterioro y la tala intensiva del manglar. A modo de referencia, en el mundo ya han desaparecido más de un millón de hectáreas tan solo a causa de esta actividad. Hoy en día la gran demanda de langostino ha obligado a una crianza intensiva, lo que provoca la contaminación de los canales y esteros salobres con alimento, fertilizantes, plaguicidas, antibióticos y otros, que puedan producir la eutrofización e hipernitrificación. Se conoce que muchas áreas de cría de langostinos de modo industrial son abandonadas tras unos pocos años, devastadas por las enfermedades y ya contaminadas; cumplido su ciclo de lucro, los explotadores del manglar se mudan a otros territorios. Los ecosistemas costeros que un día fueron productivos se convierten en enormes extensiones áridas.

En Tumbes (Perú), menos de 3 000 hectáreas están siendo protegidas actualmente en el  Sistema Nacional de Áreas Protegidas, mediante El Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes. Es un hito importante este logro, pero no garantiza la viabilidad del ecosistema a largo plazo. De otro lado, en Ecuador, la Reserva Ecológica Manglares Churote tiene un área de cerca de 50 000 hectáreas.

¿Qué hacer?: manglares para la vida
Las opciones de adaptación para gestión costera y marina de los manglares son más eficaces cuando están acompañadas de políticas en otras esferas, tales como planes de mitigación o de medidas audaces como la estrategia de protección estricta en áreas críticas de los manglares. Asimismo, es vital el manejo de la presión sobre los recursos hidrobiológicos, y el establecimiento de cinturones o zonas de amortiguamiento que permitan la migración horizontal del mangle y garanticen la necesaria interacción tan cercana con el bosque seco. Esto implica la reducción de los impactos de algunas actividades productivas, como las langostineras; la restauración de los espacios degradados, ya que un área mayor de mangle garantiza una mejor resiliencia, en el entendimiento de que los manglares son parte de una cadena de ecosistemas de agua dulce, bosque seco, asociados estrechamente. Además, se debe monitorear, con referencia a una línea de base, la respuesta de los manglares hacia el cambio climático mediante el desarrollo de alternativas productivas y de calidad de vida de los usuarios de los recursos hidrobiológicos, que minimicen la reducción de los manglares. Una estrategia de educación ambiental de largo plazo es imprescindible.

Tales son las medidas inmediatas y urgentes a tomar en cuenta. Los gobiernos nacionales, regionales y locales tienen un reto importante en la preservación de este importante ecosistema que produce servicios y bienes ambientales críticos para el desarrollo de la región. Que los manglares para la vida sean una realidad.

      
      

<< Regresar