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El árbol de los caídos

El árbol de la lupuna, un testigo latente del pasado. Foto: iperú

En Pucallpa, un antiguo árbol de la lupuna guarda un pasado mortuorio. Símbolo majestuoso de la naturaleza y… ¿antiguo paredón?

Tiene 200 años, el tronco perforado por decenas de agujeros de bala y las pocas ramas que penden están a punto de caerse. Ahora lo único que cae en este lugar son sus hojas, pero hace décadas eran personas.

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A mediados de los ochenta, el grupo guerrillero Sendero Luminoso tenía a este árbol como testigo de innumerables matanzas. Por ese entonces, cuando Pucallpa era un sitio plagado de pobreza, una especie de bosque rodeaba al árbol de la lupuna. Cuando acababa lo que parecía ser una jungla en miniatura, venían hectáreas y hectáreas de pampas desoladas.

Se puede apreciar decenas de huellas de balas y hasta un grafiti en la parte inferior. Foto: Marquiño Neyra

El entorno silencioso y sus alrededores inhóspitos lo hacían el lugar adecuado para posicionar a los desafortunados en frente de este enorme árbol y dispararles a sangre fría. Todos esos jóvenes morían porque no querían seguir desangrando al país.

Estos grupos guerrilleros se aprovechaban de las zonas más pobres del Perú y Pucallpa era una de esas. Cuando las familias no sabían dónde buscar a sus hijos tras días de su desaparición, venían hasta acá —al frente del árbol de la lupuna— a buscar sus cadáveres.

Uno de esos fue el hermano mayor de Elías. “A él trataron de enrolarlo a Sendero cuando solo tenía 13 años. Ahora ya no vive”, recuerda.  “Morías o morías, porque una vez que entrabas a Sendero ya no salías vivo. Te mataban. No había marcha atrás”, agrega.

Por eso, Elías hace hincapié en la “Ley del arrepentimiento” que se derogó durante el régimen fujimorista, lo cual garantizaba la reducción, exención o remisión completa de la pena a los miembros de los grupos armados (es decir, una amnistía), a cambio de información que pueda ayudar al Gobierno. Sin embargo, esto tuvo ciertos puntos ciegos porque algunos dirigentes simplemente no decían la verdad.

A pesar que este árbol le recuerda la muerte de su hermano mayor, Elías exige a las autoridades que se le restaure. Su hermano ya no está, pero la naturaleza no tiene que desaparecer.

Raíces

El árbol de la lupuna es conocido como el gigante de la selva. Puede llegar a alcanzar más de 70 metros de altura y tiene un tronco grueso que puede llegar a medir tres diámetros. Los antiguos habitantes construían balsas con su madera y sus semillas eran utilizadas como hierbas medicinales para curar la fiebre o problemas renales. Algunas tribus creían que su enorme tamaño se debía a que allí dentro, en su vientre, se ocultaba el espíritu de la selva.

Lo que antes era una figura llena de vida, ahora luce olvidada, a la orilla del colapso y con toda su especie a punto de extinguirse. Los miembros de Sendero Luminoso, tal vez, utilizaban este árbol como testigo de sus actos para demostrar a la naturaleza que su ideología podía ser tan fuerte como el tronco del gigante amazónico, que hasta ahora luce con decenas de agujeros ocasionados por las balas.

Sus ramas, desde la tierra, parecen delgados brazos que se podrían desarmar de una caricia. A lo lejos, sus hojas verdes y esbeltas, parece lo único que da vida al árbol de la lupuna. Si hubiesen varios árboles y estuviesen rodeados de una vasta flora, el viento al pasar por sus hojas y por las cavidades de su tronco, parecerían emitir un rugido.

Pero ahora, el árbol de la lupuna luce famélico con unas cuantas ramas temblorosas. Algunas hojas legañosas caen desde su regazo, tiene el tronco cuarteado hasta el tuétano y las raíces enclenques, como las venas de un octogenario al borde del delirio.

En Rumbo

Altura del km 4, ingresando por la antigua carretera a Yarinacocha, a 2 km de Pucallpa (10 minutos en auto).

Acerca del autor

Marquiño Neyra

Periodista, chiflero y grunger.

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