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Kikuyo: la hierba que se expande e invade rápidamente los Andes peruanos

  • Hace más de 80 años, fue introducida en Perú como pasto para animales. La falta de control y su fácil reproducción la han convertido en una especie invasora considerada de alto riesgo y casi imposible de erradicar.
  • Perú cuenta, por primera vez, con un plan de acción nacional sobre especies exóticas invasoras. Con esta herramienta se busca identificar y controlar la flora y fauna que no es nativa y causa impacto en el ecosistema local, pero aún hay dudas sobre el presupuesto y la forma de ejecutarlo.

Por Cristina Fernandez Aguilar / Mongabay Latam

El kikuyo o kikuyu, como coloquialmente se le conoce, es una hierba que ha invadido extensas zonas de los andes peruanos. De fuertes tallos, tono verduzco y hojas alargadas, a primera vista parece un simple césped, pero es una de las 134 especies de flora y fauna que figuran en el Listado de especies exóticas invasoras del Perú.

“Es una hierba particularmente agresiva, cubre el suelo y no permite que crezca otra vegetación. Se adapta a prácticamente cualquier suelo y resiste la sequía”, se lee en la justificación incluida en la lista que integra el decreto del Ministerio del Ambiente peruano (Minam).

Hace más de 80 años, el kikuyo fue introducido en el país por el Ministerio de Agricultura como forraje para los animales, de acuerdo con información proporcionada por el Ministerio del Ambiente de Perú a Mongabay Latam.

“En 1953 incluso fue declarado una plaga nacional. No está muy claro si las autoridades de aquella época promovieron su ingreso, tal vez lo hizo algún ganadero, pero lo cierto es que en esa época no existía fiscalización y permitieron el ingreso de varias especies forrajeras y otras invasoras”, explica el director general de Diversidad Biológica del Minam, José Álvarez Alonso.

No existe un registro oficial de su fecha de ingreso ni reportes exactos de las hectáreas que el kikuyo tiene invadidas en el país. Aun así las autoridades del sector ambiental la consideran como una especie exótica invasora de alto riesgo porque se expande rápidamente y no permite que crezca otro tipo de cultivos. Retirarla de la tierra, además, implica un trabajo muy difícil y costoso.

“Es una hierba rastrera que se utiliza mayormente como pasto para animales. Es tan común verlo en las regiones andinas del Perú, entre los 2 mil y 3 mil metros de altura, que muchos hasta creen que es una especie nativa”, cuenta Luis Gomero Osorio, presidente del Consorcio Agroecológico Peruano y coordinador de la Red de Acción en Agricultura Alternativa.

Hierba presente en casi todo el Perú

La Cenchrus clandestinus o Pennisetum clandestinum recibe su nombre común por ser nativa de la zona en la que vive la tribu Kikuyu, en el este tropical de África, según la Base de Datos Mundial de Especies Invasoras, en donde se le identifica como una planta nociva para pastos, cultivos y áreas naturales.

Hay registro del kikuyo en todos los departamentos del Perú con áreas de serranía esteparia o valles interandinos y en un pequeño porcentaje de las áreas costeras, según la información del Minam.

Entre los departamentos afectados por la presencia de esta especie exótica invasora figuran La Libertad, Áncash, Lima, Ica, Arequipa, Moquegua, Puno, Cusco —incluso en el santuario histórico de Machu Picchu—, Apurímac, Junín, Pasco, Huánuco, Huancavelica y Cajamarca. Es decir, se encuentra en 14 de los 24 departamentos del país. Y aunque su distribución es limitada en suelos salinos y por encima de los 3500 metros sobre el nivel del mar, ya se reportan pequeños parches en áreas de pastoreo del Parque Nacional Huascarán, ubicado en la región Ancash.

Si bien no hay registro de que el Estado peruano haya promovido el uso o la expansión del kikuyo, lo claro es que esta especie invasora ha sido ignorada por años. Tanto se olvidó que, incluso, hace 69 años fue declarada plaga nacional.

El presidente del Consorcio Agroecológico Peruano advierte que es poca o nula  la orientación que reciben los agricultores del país para controlar o erradicar el kikuyo: “Se trata de una especie naturalizada y es tan común verla que muchos agricultores hasta creen que se trata de una especie nativa a la que hay que mantener vigilada, porque si un terreno se descuida por un tiempo, termina completamente invadido por el kikuyo”.

La desatención hacia el kikuyo también se refleja en las escasas investigaciones que hay en el Perú sobre esta especie exótica. Algunos estudios, como el que realizó la bióloga Cecilia Vegas en 2009 para el Foro impactos de especies exóticas invasoras en ecosistemas terrestres, señalan que “el kikuyo encontró en el Perú las mejores condiciones ambientales para su establecimiento y proliferación, a tal punto que ha desplazado totalmente a especies nativas muy importantes”. Además, alerta la investigadora, ha invadido los terrenos agrícolas, pastizales y “se ha constituido en la principal especie dominante de esas zonas, reduciendo o limitando la actividad agrícola y ganadera”.

En la Base de Datos Mundial de Especies Invasoras, desarrollada y administrada por el Grupo de Especialistas en Especies Invasoras (ISSG) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se explica que esta especie se propaga por corredores subterráneos (rizomas) y estolones (tallos de crecimiento horizontal) en la periferia.

El Institute of Pacific Islands Ecosystems at Risk (PIER), con sede en Estados Unidos y que proporciona listas y descripciones de especies de plantas que amenazan los ecosistemas de las islas del Pacífico, afirma que el kikuyo también puede propagarse por semillas dispersadas por el viento y que estas, incluso, son capaces de germinar en el excremento de vaca, luego de haber pasado por el tracto digestivo del animal.

Los estudios internacionales concuerdan en que el kikuyo se reproduce con facilidad y puede extenderse rápidamente. “Es difícil de controlar manualmente, pero el uso de herbicidas puede dar buenos resultados”, señala la Base de datos mundial de especies invasoras.

Sin embargo, es precisamente el uso de herbicidas el que más afecta a las especies nativas, contamina el medioambiente y expone la salud de los agricultores. “Tenemos reportes del uso de herbicidas por parte de los agricultores para controlar el kikuyo, pero muchas veces sin el control debido, esto por la falta de información y de orientación”, alerta Gomero.

Las dos caras del kikuyo

Aunque no se cuentan con estudios a nivel nacional del  impacto real de esta planta invasora sobre la biodiversidad en el Perú, en la información proporcionada por el Ministerio del Ambiente (Minam) se señala que entre las especies nativas afectadas están un mosaico de arbustivas y herbáceas, principalmente especies de los géneros Poa, Bromus, Festuca, entre otras hierbas de valles interandinos.

“Estas especies compiten con el kikuyo por el hábitat y los nutrientes. Pero son los herbicidas los peores enemigos de la biodiversidad del suelo y de los polinizadores”, advierte el biólogo José Álvarez.

Además, según el Libro Rojo sobre fauna silvestre amenazada del Perú, elaborado por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), el kikuyo compite con la vegetación nativa en pajonales y reduce la disponibilidad de microhábitats para las ranas nativas.

En un informe del 2016, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria alertó que esta especie invasora perjudica los cultivos de alfalfa y al ichu silvestre, y produce heridas e induce enfermedades en las cavidades bucales de camélidos nativos, como las vicuñas y los guanacos. Incluso, afecta la estructura de las casas tradicionales de adobe en la serranía peruana.

Otra de las consecuencias del kikuyo son los altos costos asociados a la invasión en áreas agrícolas. Esto debido a que ocupa terrenos que inicialmente estaban destinados a otros cultivos, principalmente alfalfares y cereales, y en donde, por un periodo, se frenó la siembra.

“Un estudio del 2016 estimó que en las cuencas de Ica y Huancavelica se pierden anualmente, por la falta de producción de otros cultivos como la alfalfa, más de un millón de dólares. Si lo llevamos a todas las regiones afectadas por las hectáreas destinadas a otros cultivos que invade el kikuyo y lo que luego cuesta retirarlo, estamos hablando de millones de dólares cada año. Un costo que asumen los agricultores”, señala Álvarez.

vicuñas caza perú
El kikuyo induce enfermedades en especies como las vicuñas.  Foto: Vanessa Romo.

Esta especie altamente invasora no solo afecta el territorio peruano. El kikuyo también está presente en por lo menos 18 islas del Océano Pacífico, en 14 países —entre ellos, Ecuador, Colombia, México, Guatemala, Costa Rica y Estados Unidos— y en dos islas del Océano Índico.

“Esta hierba puede formar céspedes en un área de varias hectáreas y es difícil de erradicar. Debido a que la sombra no detiene su crecimiento, puede crecer a través de setos y arbustos, y eventualmente sombrearlos hasta la extinción. Cuando crece en matorrales abiertos o márgenes del bosque, las plántulas de árboles y arbustos nativos tienen muy pocas posibilidades de establecerse”, se lee en la descripción que hace el instituto PIER, perteneciente el servicio forestal de los Estados Unidos, donde esta especie está catalogada como maleza nociva federal.

Además, según el Compendio de especies invasoras del Center for Agricultural Bioscience International (CAB), organización intergubernamental sin fines de lucro con base en Reino Unido, el kikuyo ha invadido fácilmente la vegetación natural con la consiguiente pérdida de biodiversidad en Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Hawái y Galápagos.

Debido a sus características reproductivas, esta hierba exótica cubre rápidamente las áreas abiertas y compacta los suelos. Eso permite que, a pesar de los enormes riesgos, en algunos casos tenga efectos benéficos en el lugar donde se encuentra. Luis Gomero, quien además es agricultor e ingeniero agrónomo, explica que el kikuyo ayuda en la estabilización y reducción de la erosión de los suelos, además que nutre la tierra.

“No podemos hablar solo de consecuencias negativas. Esta especie reduce de manera significativa la erosión que es causada por la precipitación en los andes. Cuando invade un campo, el contenido de materia orgánica se incrementa y los siguientes cultivos son de buena calidad. Además, en áreas dedicadas a la ganadería genera un beneficio importante porque unido al trébol rojo y blanco, da un excelente forraje”, detalla Gomero.

El primer plan nacional contra especies invasoras

Perú ha avanzado muy poco en reducir el impacto del kikuyo y de otras especies invasoras. Si bien en 1992 el país suscribió el Convenio sobre Diversidad Biológica de las Naciones Unidas (CDB), fue recién en el 2014 que el Grupo Técnico de Especies Exóticas Invasoras de la CONADIB (Comisión Nacional de Diversidad Biológica) empezó a desarrollar talleres participativos para recopilar información que sustente las actividades y el actual listado de especies exóticas invasoras en el ámbito nacional.

A fines de 2015, instituciones públicas, gobiernos locales, investigadores, organizaciones no gubernamentales y  ciudadanía comenzaron un trabajo que tuvo uno de sus primeros frutos el 18 de marzo del 2022, cuando se publicó el Plan de Acción Nacional sobre Especies Exóticas en el Perú 2022-2026.

Este documento, que está refrendado por los ministros del Ambiente, de Desarrollo Agrario y Riego, de la Producción y de Salud, constituye un instrumento pionero para el país, pues por primera vez se establecieron acciones para reducir y mitigar los impactos de las especies exóticas invasoras y aquellas potencialmente invasoras, así como para prevenir el ingreso y dispersión para aquellas especies no registradas.

“No había competencia de las instituciones ni leyes, aunque sí algunas normas en temas sanitarios. Después de varios años de una intención por avanzar en este tema, ahora tenemos un reglamento y las autoridades de control ya tienen una lista preliminar de especies invasoras y un protocolo de acción. El énfasis mayor está en la prevención, porque prevenir cuesta 50 veces menos que erradicar”, explica el representante del Minam.

El plan peruano cuenta con una visión a cinco años y establece entre sus metas fortalecer las condiciones del 60 % de los puntos de control de ingreso de especies al territorio nacional, reducir al 30 % los traslados de especies exóticas invasoras (y aquellas potencialmente invasoras) de un ecosistema diferente a su fuente original y contar con información técnica actualizada de las 19 especies exóticas invasoras prioritarias o con mayor riesgo para la biodiversidad.

“Muchas de las plagas y malezas que afectan la productividad de los ecosistemas agrícolas y forestales son especies exóticas invasoras (como el caso del kikuyo), introducidas algunas de manera accidental y otras de forma deliberada. Similar situación ocurre con las especies de fauna que compiten con las especies nativas y alteran los procesos ecológicos naturales”, señala el plan nacional respecto al kikuyo.

En la actualidad se desconoce el total de ejemplares de las diferentes especies invasoras que afectan al país. “Hemos iniciado con promover y desarrollar investigaciones sobre especies exóticas invasoras y las de potencial invasor y sus impactos en la diversidad biológica, la salud y la economía. Está previsto tener información para fines del 2022”, informa Jael Odar Tavara, especialista en flora silvestre del Serfor.

El especialista afirma que, en el marco del plan, se ha puesto prioridad en el kikuyo, precisamente por tratarse de una de las especies invasoras que más rápido se expande y tiene presencia en la mayoría de las regiones del país. “Nos encontramos en la actualización de la lista de especies exóticas invasoras y la realización de investigaciones. En este momento no tenemos acciones específicas contra el kikuyo porque no existe la suficiente información. Las investigaciones nos permitirán tomar acciones para el control. Esta herbácea —señala— está a la cabeza de nuestras prioridades porque es altamente invasora”.

Y aunque el plan constituye la principal herramienta para articular los esfuerzos contra las especies invasoras en el Perú —consideradas una de las amenazas más graves para la diversidad biológica, la seguridad alimentaria, los medios de vida y la salud de la población peruana—, las instituciones públicas concuerdan en que hace falta presupuesto.

El decreto supremo dispone que la implementación del Plan de Acción Nacional sobre las Especies Exóticas Invasoras en el Perú se financiará con cargo al presupuesto institucional del Ministerio de Ambiente y las entidades involucradas, sin demandar recursos adicionales.

Los funcionarios del Minam y del Serfor coinciden en que históricamente no se ha destinado presupuesto para enfrentar a las especies invasoras, pero esperan que esa situación cambie en los próximos años.

¿Erradicar o controlar?

Las autoridades nacionales y organismos internacionales coinciden en que el kikuyo es una especie de difícil control y requiere de medidas integrales para lograr que se mitiguen los efectos nocivos. Y aunque no hay una cifra exacta de su extensión, avanza rápidamente por el territorio peruano.

“Un estudio del 2016 (realizado por Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit GmbH – Cooperación Alemana al Desarrollo) indica que en las cuencas de Ica y Huancavelica la especie ocupaba más del 20 % de la región. Este porcentaje es posiblemente mayor en otras regiones andinas, pues los ecosistemas más afectados son los matorrales andinos y parte de la puna húmeda”, afirma José Álvarez, quien además advierte que el kikuyo es una especie naturalizada y es imposible erradicarla.

“Es de las plantas que mejor conserva el suelo, lo protege totalmente. Por ello creo que lo único que debe haber es apoyo, con instrucción y herramientas, para facilitar la preparación del suelo”, indica Luis Gomero, quien conoce de cerca las experiencias positivas en el control del kikuyo, a partir del trabajo de agricultores en la serranía limeña.

“Se ha podido reemplazar con otras gramíneas, como las gramíneas del género Phalaris, que son colocadas a modo de barreras, y así se ha evitado su expansión. También se ha usado el trébol y la alfalfa para hacer descansar la tierra”, menciona el ingeniero agrónomo, quien también recomienda un ordenamiento de la ganadería y del sistema de pastoreo que establezca zonas exclusivas de kikuyo. “Si dejamos que el kikuyo entre a todos lados se expandirá, por eso es que la labranza en las zonas agrícolas debe ser permanente. Hay muchas alternativas antes que usar herbicidas”, explica.

El especialista del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre coincide en que es posible controlar, pero no erradicar el kikuyo. En tanto, el representante del Ministerio del Ambiente afirma que solo se puede mitigar las consecuencias de la presencia de esta especie invasora y estima que tratar de erradicar esta hierba del territorio peruano costaría millones de dólares.

“Erradicarlo es imposible. En otros países se está utilizando la edición genética (alteraciones del ADN de una especie destinadas a fomentar o suprimir la expresión de ciertos genes). Lo que buscamos es preservar la biodiversidad del suelo. Para eso debemos evitar el uso de herbicidas y tendremos en cuenta las experiencias que están aplicando los agricultores peruanos en el control del kikuyo”, explica José Álvarez, quien además considera que es necesario apoyar a los agricultores que, a través de su sabiduría ancestral, protegen la biodiversidad, cultura y los paisajes agrícolas.

“El Perú —recuerda José Álvarez— es uno de los países más agrobiodiversos del mundo, por lo que consideramos muy grave la pérdida de biodiversidad del suelo que se estaría ocasionando con la presencia del kikuyo”.

El kikuyo es difícil de controlar por los métodos tradicionales. Si bien su inclusión en el Plan de Acción Nacional sobre las Especies Exóticas Invasoras es un primer gran paso, se requiere con urgencia de medidas integradas para lograr que se mitiguen los efectos nocivos.

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