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TODAS LAS NIÑAS TIENEN LA CAPACIDAD PARA SER CIENTÍFICAS

Con siete expediciones a la Antártida y más de dos décadas dedicadas a la ciencia, Liliana Ayala convierte su pasión por el mar en investigación clave para entender los cambios del planeta e inspirar a nuevas generaciones de científicas. 🌎❄️

La ciencia no discrimina ni excluye. Es para todas y todos. Eso lo sabe muy bien Liliana Ayala, quien, desde el 2000, ha zarpado hacia la Antártida siete veces. Bióloga y doctora en Ciencias Aplicadas, fue parte del equipo de investigación de la Universidad Científica del Sur (UCSUR) —institución en la que es docente— que realizó diferentes estudios en la reciente expedición ANTAR XXXII. Rumbos conversó con ella para conocer más de su experiencia en el “Continente Blanco”.

“Mi madre fue la primera ‘bióloga’ en mi vida. Ella me enseñó a identificar a los peces. Este es un bonito y esta una cojinova, me decía. Sabe, ella es una mujer muy inteligente, pero solo estudió la primaria. Con más oportunidades hubiera sido científica”. 

De eso está convencida Liliana Ayala, una mujer de ciencia, retos y aventuras que, inspirada por las sencillas lecciones de su madre, se convertiría en una experta de la vida en los océanos y en los mares. Ahora, además de bonitos y cojinovas, identifica e investiga a la megafauna marina con apasionado profesionalismo.

Liliana lo hace tan bien que, en los últimos 26 años, participó en siete expediciones científicas a la Antártida. La primera vez fue en el 2000, cuando a bordo del ya mítico buque de investigación científica Humboldt, arribó a la estación peruana Machu Picchu, en la ensenada Mackellar de la isla Rey Jorge. 

Su primer recuerdo está relacionado con el frío, la nieve y las ballenas jorobadas. “Cuando el Humboldt se acercaba a la estación, anunciaron por los parlantes que a babor se encontraba una ballena jorobada”. Emocionada, salió a la proa para observar aquel espectáculo natural, olvidando que solo llevaba puesto un polar.

“Yo ya había visto ballenas jorobadas en Perú, pero nunca en medio de una nevada”. Lo que ella no sabía es que su entusiasmo se congelaría en tan solo un par de minutos. “Me moría de frío”, confiesa memoriosa. Ese tiempo fue más que suficiente para que se diera cuenta de “lo poquito que somos los seres humanos” frente a la naturaleza y la imponente geografía antártica. 

Mujeres al mando

La expedición científica ANTAR XXXII, organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, fue el último reto de Liliana. De vuelta al “Continente Blanco” en el BAP Carrasco para monitorear como el aumento de la temperatura oceánica y la actividad humana alteran los patrones de distribución de especies marinas claves. 

Por su experiencia, lideró los trabajos de conteo y observación de focas, ballenas y aves marinas en la península antártica y el paso Drake. Ambas actividades son vitales para el proyecto Centinelas del Mar: aves y mamíferos, impulsado por la Universidad Científica del Sur, institución en la que ejerce la docencia en la carrera de Biología Marina. 

Liliana fue parte de una delegación multidisciplinaria de docentes y estudiantes de la UCSUR que, de diciembre de 2025 a marzo de 2026, participó en la Antar XXXII, reafirmando el compromiso de la universidad con la investigación y protección del ecosistema antártico. El grupo incluyó un número significativo de mujeres científicas que demostraron su liderazgo y capacidad profesional. 

“En las primeras expediciones éramos pocas mujeres. No llegábamos ni al 10 por ciento, entonces, nos decían que era por un tema logístico. Ahora ya no es tanto así. El apoyo de la universidad y de otras instituciones, permite que más mujeres jóvenes participen en los estudios científicos. Eso es fundamental”.

Miradas distintas y visiones innovadoras. “La diversidad de enfoques es importante”, sentencia la bióloga, la doctora en Ciencias Aplicadas, la docente universitaria que está convencida de que “las niñas, todas las niñas, tienen las habilidades para hacer ciencia” porque no hay diferencias entre hombres y mujeres. 

Días de ciencia 

51 días lejos de casa: ¿es su récord de expedicionaria en la Antártida?… Piensa, duda, saca cuentas Liliana. “Yo creo que sí. No he estado más tiempo porque las expediciones científicas peruanas suelen empezar en diciembre y terminar en marzo, coincidiendo con el verano austral”. 

51 días que se disfrutan y no se olvidan a pesar de la distancia y las temperaturas bajo cero. Jornadas que tientan a los recuerdos y a los primeros pasos: “yo empecé estudiando aves marinas, luego lobos y nutrias. Ahora trabajo con megafauna marina, es decir, aves, mamíferos, tortugas, mantarrayas y tiburones.

51 días entre el mar y el hielo: ¿por qué lo hace si allá hace tanto frío? Ahora no hay dudas. La respuesta está llena de certezas. “La ciencia es un mundo fascinante y si realmente te gusta el campo no es difícil. La verdad es que muchas de las investigadoras que trabajamos en esto vivimos apasionadas por lo que hacemos”. 

51 días de trabajo de campo: observando a las llamadas especies “centinelas” para detectar cambios en sus rutas o el incremento de sus poblaciones con el propósito de determinar variaciones tempranas en los ecosistemas. “Ahora he visto más ballenas jorobadas y nuevas especies de aves dominantes”, señala con entusiasmo.

51 días haciendo ciencia: ¿volverá en 2027? Quizás sí, tal vez no. “Nosotros somos un equipo. Yo no soy la única. Hay otras docentes, tesistas y egresadas de la UCSUR que están capacitadas”, concluye Liliana Ayala, una mujer pionera, una científica que abre rumbos en la gélida Antártida, con la seguridad de que su trabajo es beneficioso para el Perú y el planeta entero.

En Rumbo

Profesional: Liliana Ayala es bióloga de la Universidad Nacional Federico Villarreal y doctora en Ciencias Aplicadas con mención en Sistemas Marinos Costeros.

Equipo: “Yo soy cuidadora, vivo con mis padres que ya son mayores. Si no fuera por mis hermanas y por otras mujeres que me apoyan no hubiera ido a la Antártida. Las mujeres tenemos que apoyarnos. Yo estoy convencida de eso porque juntas funcionamos muy bien”. 

Alerta: En opinión de Liliana Ayala el trabajo científico en la Antártida es muy importante. “Los datos que nosotros obtenemos sirven para que los gobierno tomen decisiones de gestión ambiental”. Estas, de una u otra manera, tienen un impacto global. 

Presencia: 15 docentes, biólogas marinas, tesistas y egresados de los programas de Biología Marina, Medicina Veterinaria y Zootecnia formaron la delegación de la Universidad Científica del Sur. 

Estudios: Los profesionales de la UCSUR realizaron los siguientes estudios: Centinelas del mar: aves y mamíferos; Microorganismos y salud global; y el Pasado para entender el futuro.

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