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Road Trip por Paracas: el sur, playas, desierto y belleza

El sur del Perú  destaca por sus desiertos y litoral de belleza sobrecogedora y alimentadoras de emociones. Este es un bitácora de  viaje en carretera hacia Ica, tierra de eterno sol y agreste costa, para adentrarnos en el sur más encantador al pie de la carretera panamericana. 

Toda ruta hacia el sur de Lima  es famosa por sus playas, algunas de ellas sencillamente paradisíacas – e indómitas-, y por ser una zona más explotada desde el punto de vista turístico. Aun así, si conseguimos ver más allá de las sombrillas, y rebasamos el kilometraje cercano encontraremos la misma magia que ostenta el litoral norteño. ¡Continuamos entonces la ruta en auto por Paracas!

Pisco

Nuestra ruta por el sur comienza a 234 km de la capital por una ciudad clave desde el punto de vista histórico, y perfecta para estirar las piernas y calmar el apetito viajero. Ojo que estamos a pie de mar en una localidad ‘bolichera’ de pescadores artesanales. Aquí hasta cuando se es embrión  ya se pesca. Así que estamos antes los placeres gastro marinos más codiciados de cualquier carta de menú. 

Pisco es una de esas ciudades en las que el paso del tiempo no le ha sacado mucho lustre a sus calles, pero aún en ellas puede observarse su antigua prestancia en su quintas de factura  republicana.  Vecino a estas antiguas moradas, se luce tímidamente, en una de las avenidas principales, un huarique marino, de esos que pueden resucitar cualquier alma en pena. 

El Muelle de Pisco suele ser pasado por alto camino a Paracas. Pasado por alto para los que viajan en tránsito raudo hacia las islas y la bahía. Como el hambre obliga a parar, la gula nos lleva directo hacia el Muelle Fiscal, uno de los restaurantes que llenan las rutas, de esos a los que llegas bajo santo y seña y que está camuflado por una modesta vida cotidiana local, entre artesanos y pescadores. 

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 Se trata de un rincón honesto, auténtico; y los platillos, según se van probando “saben a mar fresco”.  Claro que hay frescura, estamos hablando de una ciudad que se alimenta con la pesca del día.

Si no se está muy apurado —y sobre todo se tienen ganas de caminar— se hace una obligación visitar el antiguo —pero ya dañado— Muelle Fiscal de Pisco. Un recio oleaje dejó a esta construcción incompleta y desde la década del 60 del siglo pasado dejó de funcionar por la apertura del nuevo terminal marítimo. 

El centenario muelle sirve ahora para paseos peatonales turísticos (con mucho cuidado) y como refugio de aves marinas. Desde allí es posible mirar hacia las islas, el Pacífico y los humedales que rodean la rivera y que dotan a esta costa de una particular belleza. 

Paracas 

Una vez hayamos sentido que nos hemos empapado de la historia, es hora de poner rumbo de nuevo a la costa. El camino desde Pisco  hasta Paracas recorre el malecón y playas pisqueñas donde se alcanza a observar parihuanas, las aves que semejan a nuestra bicolor.   

Paracas es una ciudad pequeña sin mucho que hacer además de comer y pernoctar, pero es  la Reserva Nacional de Paracas, su verdadera maravilla. Se trata de la segunda área natural protegida de la región Ica, junto a Punta San Juan de la Reserva Nacional de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, y forma parte de las 25 que, hasta ahora, están aptas para recibir visitantes con todos los protocolos de bioseguridad. 

Entonces es la ciudad la siguiente parada y un buen sitio para pasar la noche. Hay alojamientos para todos los gustos, pero hay una creciente oferta en Paracas de airb & b de estilo atención abierta. Bolívar es el nombre de un alojamiento que es una suerte de hotel con Kitchen abierto y que se ofrece como un espacio ideal para hospedar a grupos de amigos o a una familia completa. Un par de antojos pueden saciar el hambre antes del pernocte en el Café Arena. Este café tiene las mejores hamburguesas y sandwiches, pasteles y uno que otro snack para irse ligeros a dormir. 

Reserva Marina 

Después de un descanso en la ciudad, ponemos rumbo hacia la zona de costa más conocida y bella : La Reserva Nacional de Paracas. Sin duda  el turismo más masificado llegaba hasta aquí, antes de la pandemia sin embargo ahora habrá que tomárselo con más calma . De todas formas, sigue mereciendo la pena, y mucho, acercarse y disfrutar de estos parajes.

Se puede empezar la visita con las hermosas playas como Raspón y La Mina, cubiertas con fina arena y sentir el sonido y la fuerza de los vientos Paracas. 

Desde febrero de 2017 está en funcionamiento la nueva infraestructura turística en la Reserva Nacional de Paracas, en la que destaca la Plaza Contigua al Centro de Interpretación, que cuenta con iconografías de las culturas Nasca y Paracas, a la cual se accede por un sendero desde la zona de estacionamiento. 

Otros sectores importantes son el puesto de control Santo Domingo, destinado al servicio de orientación al turista. Para apreciar el encantador paisaje marino costero se puede acudir a los miradores Santa María, La Catedral, Playa Roja, Lagunillas, Yumaque y Playa Supay, donde culmina el circuito turístico. Así como visitar Playa Mendieta, Karwas y Atenas. 

Para completar esta incursión, frente a Paracas se ubican las Islas Ballestas, un zarpe hacia uno de los destinos  más aclamados en Paracas  y más conocidos mundialmente para terminar el recorrido de un día. 

A continuación, nos dirigimos a un recorrido hacia la punta de la península. Una parada esperada Intimar.

Intimar  es un refugio costero en Punta Pejerrey, pero aquí se preparan las suculencias marinas, mientras se disfruta de un espacio apartado de todo. Este era un espacio dedicado a la maricultura pero con el tiempo y el boca a boca, se llegaba a este paraje escondido a comer. Y el interés de los comensales finalmente también lo convirtió en un campamento de pernocte, un oasis donde robarle cinco minutos más al reloj se convierte en una primera necesidad.

Los viajeros que recalan por aquí pueden pescar sus propias conchas de abanico en el espacio que Intimar dedica a la crianza. Algunos incluso bucean para sacar las conchas que les servirán en el almuerzo. Si decides extender tu visita y quedarte en las cómodas y rusticas cabañitas, puedes dar paseos en kayak, hacer buceo con snorkel y realizar caminatas por las zonas vecinas de la reserva.

Sin embargo, unos kilómetros antes cerca a la Playa Atenas se ubica la Paraíso Camp, una experiencia  para viajeros audaces que toma la forma de campamento en los límites de la Reserva Nacional de Paracas. Aquí se vive todo lo contrario que al frente de esta bahía. Los Hoteles cinco estrellas, El Chaco y su bullicio nocturno se esfuman y dan paso al mar y al desierto aledaño. 

Aquí se duerme bajo la noche en cómodas carpas que se pueden instalar, al pie de la playa. Ese criadero de conchas de abanico, invita  a conocer de cerca la experiencia de la maricultura y la vida de mar. Por eso, luego de dormir bajo las estrellas, la mañana siguiente no es extraño ver caminar a las parihuanas tan cerca de las tiendas de campaña y no extraña tampoco que todo esté en movimiento para empezar la excursión al mar.

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