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Vítoc: sosiego y diversión en la laguna Don Bosco

Desde hace años, en la laguna Don Bosco se cría tilapias, pacos y paiches, el pez más grande de la amazonía. Foto: Giuliana Taipe

Viajar despierta el alma cuando el cuerpo descansa de la rutina. Así que no lo pienses dos veces y viaja al centro de la provincia de Chanchamayo (Junín), donde el calor se combate en una laguna natural. 

Hubo un tiempo en que viajar no era sinónimo de placer. Antes, por lo general, se viajaba para traficar, huir, peregrinar, conquistar o buscar tesoros fabulosos que estaban escondidos, según las leyendas, en medio de la jungla y protegidos por culturas primitivas.

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Esto sonaría ridículo en tiempos contemporáneos, pero basta con mirar el pasado para darse cuenta de que esta barbaridad fue cometida por el conquistador Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco Pizarro, al encontrarse en medio la amazonía peruana. Durante su ocupación misionera (1595 – 1742) el europeo organizó una gran exploración en la selva central, creyendo que allí se situaba, escondida entre la maleza, El Dorado o El Paititi, aquella ciudad inca que la mitología describía como hecha de oro purito.

Los viajeros que arriban a la finca de Don Bosco tienen la diversión garantizada, el estómago lleno y una paz que solo la selva puede darles. Foto: Giuliana Taipe


Qué lástima Gonzalo –diríamos en coro– El Dorado que estabas buscando nunca estuvo más allá, porque siempre estuvo allí frente a tus ojos, solo que nunca fue dorado como el sol, sino verde como la vida misma.

Aunque este español nunca pudo disfrutar de nuestra Rupa-Rupa por andar de explorador, no quiere decir que nosotros corramos con esa misma suerte. Chanchamayo está a solo siete horas de Lima y llegar a ella es tan sencillo como conocer sus principales atractivos.

Espejos de vida

Allí tienes a Vítoc, el distrito más antiguo de la selva central. Y, quizá, como antigüedad es clase, esta tiene que ser tu primera parada tras cruzar San Ramón, la Puerta de Oro de la Selva Central.

Y eso que no le hemos dicho que durante su recorrido no tendrá que usar alguna brújula o mapa del lugar, la misma carretera afirmada y las señales turísticas te conducirán directito al anexo Don Bosco. Es aquí que, en medio de cargaditos y perfumados cafetales que se burlan de la roya amarilla, un hongo que los destruye, y platanales que regalan sombra, se alza un cautivador espejo de agua que lleva el mismo nombre.

También hay un centro recreacional donde los visitantes pueden degustar de un chicharrón de pescado o un cevichito bien taipá. Foto: Giuliana Taipe

Hasta hace un año, el dueño del fundo Néstor Mejía nos predijo que pronto su finca contaría con un centro recreacional, el cual incluiría un restaurante y una piscina para que las familias tengan donde divertirse y degustar de la presa que conseguían durante la pesca.

Hoy, la también administradora del lugar, Dora Castro Vienrich de 56 años, abre las puertas a ese sueño hecho realidad. Desde hace tres años, cada fin de semana los visitantes vienen para lanzar anzuelos con la esperanza de atrapar una gordita tilapia o un gigantesco paiche o contentarse con un paco. También llegan turistas que desean desconectarse de la agitada ciudad para refrescarse en una piscina. Otros renuncian temporalmente a la comida en casa para saborear los potajes que ofrece el restaurante de Don Bosco. Todo eso ocurre en un día, mientras los más engreídos sonríen y juegan en columpios sostenidos por las ramas de los árboles.

“No pensaban en convertir a Don Bosco en un centro turístico. La gente venía de Pichanaki, San Ramón y La Merced para comprar peces”, cuenta una sorprendida señorona tras revelar que la venta impulsó el turismo en sus seis hectáreas de chacra.

No hay mejor vacaciones que aquella que te conecta con la selva y su armonía. Foto: Gunther Félix

Aún no lo quiere anunciar, pero Néstor planea completar este encantador refugio con algunos bugalows que, seguramente, harán de la estadía una mejor experiencia. Algo que nunca pudieron disfrutar los conquistadores durante su primer encuentro con la selva peruana.

El Dato

Vítoc proviene de la palabra Witoco que en español significa “Río que lleva grandes riquezas”.

En Rumbo

Dónde: A 12 kilómetros de San Ramón (Chanchamayo, Junín). Tiempo: 30 minutos. Abordar los colectivos que parten de la misma ciudad.

Una vez en el distrito Vítoc puede optar por ir a la laguna Don Bosco. Allí la entrada para el adulto es de tres soles y para niños de dos soles.

Recomendación: llevar bloqueador, repelente, ropa de baño y mucha hambre.

Acerca del autor

Gunther Félix

Periodista de esquina y del monte. Fotógrafo y peregrino urbano los fines de semana.

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