Gastronomía

Cacao de Oxapampa: Perla de los bosques

Cacao una esperanza que crece en Oxapampa. Foto: Galia Gálvez

‘Cho moth’ significa colibrí en lengua yanesha, ave sagrada que sobrevuela  las flores de cacao en los bosques de Palcazú, Oxapampa.  Y una barra de chocolate fino, consumida por un líder mundial, estrella de cine o deportista de elite; tiene su origen en el  cacao orgánico, cultivado arduamente en las remotas parcelas de la ‘Reserva De Biosfera – Oxapampa Asháninca  Yanesha‘. 

Por  Galia Gálvez

Tras viajar por carretera desde  Villa Rica, durante cinco a seis horas,  según permita el clima,   cruzar ríos, puentes de madera, huaycos y  deslizamientos característicos de la selva,  se llega a Iscozacin en Palcazú, un pequeño pueblo  amigable, habitado  por familias amazónicas, andinas y austro-alemanas, principalmente dedicadas a cultivo de cacao, ganadería y pequeño comercio.

Foto: Galia Galvez.

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En Iscozacin se ubica la ‘Cooperativa Apsc Sancore Palcazú’, creada el año 2012 y conformada por 120 familias agricultoras  de  cacao orgánico, que vieron en este fruto nativo de las selvas tropicales del Perú, una oportunidad de desarrollo para sus hogares, debido a su producción, rentabilidad en el mercado y relación amigable con la conservación de sus bosques.
Los socios de la cooperativa producen cacao en zonas vecinas a tres áreas naturales protegidas; Parque Nacional Yanachaga Chemillén, Bosque de Protección San Matías San Carlos y Reserva comunal Yanesha.

Empoderados por el cacao

Foto: Galia Galvez.

En su parcela de Puerto Belén nos recibió Ángeles Custodio Mendizábal Soto, agricultor  de 62 años, junto a su  esposa Esther Soto Ortiz e hijos.

‘Yo no quería, porque ¿dónde se va a vender? ¿quién te va a comprar?’, recuerda Ángeles ante su temor de sembrar cacao, pues en el pasado, al no tener compradores, tuvo que sobrerebajar a la veinteava fracción de precio la venta de papaya. Así como, ante la necesidad familiar, vendía sus ganados antes de que maduraran.

El 2011 Esther, la esposa de Ángeles se enteró que la ONG Desco brindaba capacitaciones y manejo tecnificado para sembrar cacao y fue motivada por los hijos a ser parte. Así iniciaron familiarmente los cultivos; y a la fecha, los hijos también siembran cacao para sus familias.

Foto: Galia Galvez.

‘La etapa de tres años es la más complicada, hay que estar limpiando constantemente ya que si no lo cuidas el monte lo consume, comenta Tatiana Mendizábal,  hija de Ángeles, pues deben pasar tres años para que el árbol de cacao dé sus primero frutos; junto a ella, su pequeño hijo Pelé juguetea entre los plantones.

El hogar de Ángeles y Esther es una  acogedora casa de madera en medio del bosque. A pesar de sus recursos limitados, hacen las cosas correctamente.

‘Estamos buscando la certificación internacional y por tanto, cuidando la calidad del cultivo y fermentación del cacao’, indica Ángeles y muestra satisfecho las habitaciones que han construido en su parcela para separación de residuos orgánicos e inorgánicos.

Foto: Galia Galvez.

Es temporada de lluvias en Iscozacin, los ríos están embravecidos, las inundaciones y temporales con relámpagos  durante días consecutivos son frecuentes.

Cruzamos el río en una canoa delgada para llegar al poblado de Pampacocha, minutos antes, en la otra orilla, los hijos del agricultor colono-yanesha Fidel Colina, trasladaban plátanos en la misma canoa. Es domingo, y  la comunidad está  ‘masateando’, brindando con bebida amazónica.

Fidel Colina, es un agricultor de 78 años, con su esposa de origen asháninca – yanesha tuvo 14 hijos, es abuelo de 48 nietos y bisabuelo de 5 niños. Nos recibe junto a su nuera Nelly López  e hijo Saúl Colina Crispín.

Foto: Galia Galvez.

‘La tierra es como un niño que se mal acostumbra  cuando la fertilizas mucho’, manifiesta Fidel en alusión a que para obtener abundantes cultivos de cacao y de calidad, el suelo del bosque tiene capacidad de recuperarse sólo, sin tanta intervención de fertilizantes.

El cacao de Oxapampa es un cultivo que empodera a las familias y a la mujer en su comunidad, como a Nelly López, de origen yanesha, ella actualmente es promotora y se capacita para mejoras en la producción de sus sembríos.

‘Yo como madre me siento contenta porque el cacao brinda ingresos a nuestra familia’ explica Nelly, quien se proyecta a darles educación universitaria a sus hijos.

Foto: Galia Galvez.

‘Nosotros estamos contentos con la siembra del cacao porque es rentable’, indica  Saúl, el hijo de Fidel Colina; y recuerda que empezaron cultivando cacao  artesanalmente, desconocían el manejo tecnificado, pero confiaron en continuar con el cultivo.

Los esfuerzos humanos tras un cultivo

Las  parcelas de cacao de los agricultores de Palcazú, se ubican  a dos o cuatro horas de recorrido en motocicleta desde Iscozacin, en otros casos es  necesario navegar en canoa el río Palcazú y afluentes, seguido de caminatas por  el monte que pueden durar un día, donde la flora y fauna silvestre revelan su esplendor.

Entonces ¿Cómo se traslada toneladas de cacao hasta el pueblo?   ¿Cómo se logra que los granos sequen en la selva  lluviosa?

Armando Sanchoma Ruffner, agricultor de la  comunidad nativa Shiringamazú en Nuevo Progreso es Presidente de Base de la Cooperativa Apsc Sancore Palcazú y lleva 9 años cultivando cacao.  Es un hombre arraigado al trabajo rudo de la agricultura.

Foto: Galia Galvez.

‘Si hace 30 años hubiera existido cacao no habría pobres en el valle. Este es un cultivo alternativo que está remplazando a la ganadería’, resuelve Armando y nos invita a probar una mazorca de cacao de su parcela, la placenta blanca que cubre las semillas sabe  a miel y leche.

Algunos agricultores como Armando  han construido  secadoras con techos para sus granos. Y durante la cosecha, ya que el terreno no es propicio para transporte a caballo, suelen trasladar al hombro y en canoas  entre 50 a 200 sacos  de cincuenta kilos, hasta el pueblo  más cercano de acopio.

Una parte del proceso más elaborada la realiza Oswaldo Egg Heidinger,   de origen austriaco – tirolés,  quien vive con su esposa Magdanela Tamayo, hijos y nietos en su parcela de Chorrillos,  Río Negro. Su platicar es el de un agricultor amazónico, de austriaco solamente posee los rasgos y el apellido.

‘No hemos tirado la toalla a pesar de la monilia y la escoba de bruja’ explica Oswaldo, en cuanto a los hongos y plagas que atacan al cacao constantemente y que pueden destruir su  producción.

Foto: Galia Galvez.

Lleva diez años dedicado al cultivo de cacao, y un buen día, cansado de pelar manualmente los granos secos para la elaboración de chocolate, decidió crear máquinas de madera  para descascarar el grano, y  balanzas de gramos para medir el peso.

‘Chocolate Ushva’, la  familia que se apoya mutuamente en la siembra, proceso e industrialización del negocio familiar, bromea con el nombre que darían a  su chocolate. Todos ríen, mientras cae el atardecer dorado en la parcela.

Bío-Cacao y el acompañamiento a las familias agricultoras.

Tras una mazorca de cacao  está el valor humano de agricultores yaneshas, andinos y austro-alemanes, así como el esfuerzo  de los ingenieros y técnicos agrícolas  de la ONG Desco, quienes acompañan permanentemente a las familias en la producción del cacao, muchos de ellos hijos de agricultores de distintas regiones del Perú.

El  proyecto ‘Bio -Cacao’ del que estas familias son beneficiarias,  es financiado por Fondoempleo y ejecutado por la ONG Desco. Tiene duración de tres años  y el equipo técnico integrado por siete personas, trabaja ya año y medio en Palcazú, para próximamente entrar a la etapa de comercialización.

Foto: Galia Galvez.

Datos:

 Cho Moth es la marca de chocolate de la ‘Cooperativa Apsc Sancore Palcazú’ que actualmente está en proceso de comercialización.

Actualmente son 300 familias beneficiarias del proyecto Bío-Cacao.

 

 

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Redacción Rumbos

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