MARINA QUIÑE: MI MADRE ME ENSEÑÓ A AMAR A LA NATURALEZA
Antes del aprendizaje en las aulas, Marina Quiñe, una de las biólogas y docentes de la Universidad Científica del Sur (UCSUR) que participó en la Expedición Antar XXXII, recibiría las primeras y las más importantes lecciones sobre la naturaleza en su hogar. Fue su madre quien le enseñaría a amar la vida en sus múltiples formas. “Ella me inspiró”, confesó a Rumbos en esta entrevista que revela el origen de su pasión por la ciencia y la investigación.

“Mi madre me enseñó el amor por la naturaleza, a valorar la vida y a querer saber más de lo que pasa a mi alrededor. Ella mi inspiró. Ella siempre está conmigo, a pesar de no estar físicamente. En verdad, le agradezco mucho lo que hizo por mí”, proclama con voz trémula Marina Yanina Quiñe, la joven bióloga e investigadora que se siente rara cuando no está cerca de al menos una plantita.
Marina aprendió tan bien las lecciones de su madre que, ahora, además de amar a la naturaleza, la estudia y la protege. Sí, ella quiera saber más, siempre más, tanto más que su pasión por la ciencia la llevaría a vivir una “experiencia inolvidable” en un lugar que “todos los biólogos soñamos con conocer e investigar” porque “es tan increíble que es difícil de describirlo con palabras”.


Sueño cumplido en la Antártida, “un ecosistema que debe preservarse”. Un sueño que empezaría a gestarse entre mujeres que amaban la vida, porque “no solo fue mi madre. Mi abuela también era muy cercana a la naturaleza”. Un sueño de 51 días en el BAP Carrasco, en la estación científica antártica Machu Picchu (ECAMP) y en las ensenadas, bahías y caletas en las que recolectó sedimentos marinos.
Fueron jornadas agotadoras. Un auténtico desafío para las investigadoras y alumnas de la Universidad Científica del Sur que participaron en la Expedición Antar XXXII, organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. “Hemos recolectado muestras soportando los vientos glaciales y temperaturas de -4 °C. Hemos cargado los equipos igual que los chicos. Hemos trabajado en el campo sin quejarnos y sin hacer problemas”.

La voz de Marina —la bióloga que aprendió a hacer ciencia en la universidad de San Marcos, la docente de la carrera de Biología Marina en la UCSUR que comparte sus conocimientos con los futuros investigadores— se llena de certeza al decretar que “para las mujeres no hay imposibles. Y es que no hay nada que nosotras no podamos hacer”.
Siempre hay que hacer lo que nos gusta
El 19 de diciembre de 2025 es una fecha que Marina Yanina Quiñe jamás olvidará. Ese día comenzó la Expedición Antar XXXII, su primera travesía a la Antártida. ¿Qué tal le iría? ¿Se sentiría bien o acaso la invadiría la nostalgia en la Navidad y el Año Nuevo? ¿Tal vez pensaría demasiado en su madre y su abuela? Y si eso llegara a ocurrir, ¿cuál sería su antídoto contra la añoranza y la tristeza?
“Cuando uno quiere algo hay que seguir adelante, aunque sea duro no hay que perder el norte”. Esa es su respuesta ante las adversidades en la tierra o en el océano Antártico. Es lo que piensa. Es lo que hace. Es lo que les dice a los padres que se asustan un poquito cuando se enteran de que sus hijas quieren ser científicas y estudiar biología marina. “¿En qué van a trabajar?”, la interrogan.


Ella tiene más de un argumento que inspira y convence: “lo más importante es hacer lo que a uno le gusta. Si solo trabajamos por dinero, no la vamos a pasar bien y, lo más probable, es que cambiemos de rumbo; pero, si amamos lo que hacemos y todo nuestros proyectos los empezamos con pasión y con ganas, vamos a llegar lejos y no abandonaremos el camino que elegimos”.
Esa filosofía la llevó a liderar el segundo y último muestreo del proyecto El pasado para entender el futuro, presentado por Cinthya Bello, docente y coordinadora de temas antárticos de la UCSUR. Su objetivo es la reconstrucción paleoceanográfica del clima y los cambios marinos en los últimos mil años, para determinar la velocidad del retroceso de los glaciares y su posible vinculación con el calentamiento global.

Durante la expedición, su equipo, a bordo del BAP Carrasco, recolectó sedimentos marinos de hasta tres metros de largo en la ensenada Mackellar, las bahías Rey Jorge y Collins y la caleta Marian (isla Rey Jorge). Ya en tierra, lo que “hemos hecho en principio es poner las muestras en un lugar adecuado, mientras planeamos cómo vamos a evaluarlas y tratarlas”.
Los sueños de Marina
La Antártida es un sueño cumplido. No es el único. Hay otros que avivan aún más la pasión por naturaleza que motiva a Marina. “No es fácil hacer ciencia. La mayoría no nos volvemos ricos, pero hay otros tipos de riquezas que, al final, son mucho mayores porque buscan que el mundo sea un poquito mejor. Eso es lo que tratamos de hacer día a día y creo que es lo que todos deberíamos de entender”.
Tareas pendientes, planes por desarrollar. Ella quiere trabajar más en ciencia ciudadana, para que las personas colaboren y contribuyan en la recolección de datos en las investigaciones. “Ese me parece muy interesante”. También busca reforzar su labor con las comunidades de pescadores artesanales “y es que no se puede hacer un proyecto de conservación en la costa sin articular con ellos”, reflexiona.

Acercarse, dialogar, entenderse para buscar juntos la sostenibilidad y el equilibrio que asegure la conservación de los ecosistemas marinos. Lo que se busca es terminar con el alejamiento y el recelo entre las ciencia y la actividad pesquera. Si ese se logra, será más fácil proteger las áreas sensibles. No solo eso, también se dinamizará el intercambio de conocimientos y experiencias en beneficio del planeta.
“Ahora trabajo con gente de Pisco, Marcona y Laguna Grande en Paracas. Mi labor incluye a grupos de mujeres. Es muy interesante. Juntas nos ayudamos y sostenemos. Nosotras sentimos mucha afinidad y sabemos que es complicado salir adelante por una serie de motivos”, comenta Marina que, al igual que su abuela y su madre, transmite su amor por la naturaleza adonde quiera que vaya.
Solo el destino sabe si Marina Yanina Quiñe volverá a la Antártida para seguir cumpliendo uno de sus sueños de bióloga. De lo que no queda dudas es que ella, esté donde esté y haga lo que haga, aportará siempre a la conservación del planeta, desde su pasión por la investigación científica y el amor a la naturaleza que aprendió de las mejores maestras: su madre y su abuela.
En Rumbo
Expedición: La Antar XXXII se inició el 19 de diciembre y los trabajos de campo se realizaron entre el 13 de febrero y el 10 de marzo.
Presencia: 15 docentes, biólogas marinas, tesistas y egresados de los programas de Biología Marina, Medicina Veterinaria y Zootecnia formaron la delegación de la
Universidad Científica del Sur.











