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Cultura

¿Por qué están desapareciendo nuestras lenguas originarias? ¿Qué podemos hacer al respecto?

  • Entrevista a Agustín Panizo, experto en lenguas originarias e interculturalidad, responde a estas y otras preguntas respecto al presente y futuro de las 48 lenguas ancestrales reconocidas en el Perú.

Por Jaime Tranca / jtranca@spda.org.pe

La diversidad cultural del Perú es reconocida a nivel mundial. Las costumbres y sabiduría de nuestros pueblos indígenas han sido destacadas a través de estudios académicos, obras artísticas e incluso a nivel cinematográfico. Hace poco, por ejemplo, en la película Tar (nominada al Oscar) se aprecia la belleza de los íkaros, un canto sagrado ancestral usado en la medicina tradicional amazónica.

En la actualidad, el Ministerio de Cultura (Mincul) ha reconocido a 55 pueblos indígenas dentro del territorio nacional. De ellos, 51 habitan en la Amazonía y 4 en los Andes. Esta riqueza cultural cobra un brillo aun mayor debido a las 48 lenguas originarias reconocidas, las cuales son habladas por el 16 % (4.5 millones) de la población total de peruanos.

Solo con estos datos tendríamos suficientes motivos para inflar el pecho de orgullo; sin embargo, existe una cruda realidad: las lenguas originarias están desapareciendo, y algunas con mayor intensidad que otras, según explica Agustín Panizo, lingüista experto en lenguas originarias e interculturalidad y exdirector de Lenguas Originarias del Ministerio de Cultura (Mincul).

¿Por qué una lengua originaria desaparece?, ¿cuáles son las principales causas?, ¿qué debemos hacer para preservar estas lenguas ancestrales? Estas preguntas son resueltas en Contra el silencio. Lenguas originarias y justicia lingüística, un libro que el reconocido lingüista publicó a fines del año pasado.

“El silenciamiento de las lenguas ocurre por factores sociales, como los movimientos migratorios, las invasiones, las epidemias, las guerras y sus consecuentes exterminios, el impulso desigual que se da a una lengua poderosa como el castellano sobre otras y, sobre todo hoy en nuestra sociedad, la discriminación hacia sus hablantes”, apunta el especialista en su reciente obra.

Conversamos con Agustín Panizo para conocer un poco más sobre el futuro de las lenguas originarias, qué falta hacer por parte del Estado y cómo desde la ciudadanía podemos aportar para que este legado no desaparezca.

En el título del libro, cuando te refieres a “Contra el silencio” se hace referencia a la desaparición de las lenguas originarias, pero no una desaparición voluntaria o natural sino forzada. ¿Es así?
El libro es una especie de denuncia y de propuesta. Es un libro que denuncia el proceso de debilitamiento de las lenguas originarias del Perú, entendiendo esto como un proceso social que se puede calificar como el silenciamiento de las lenguas originarias. Cuando digo que se trata de un proceso social estoy diciendo que no son las lenguas las que desaparecen sino en realidad son los pueblos y sus miembros los que ven que su lengua va debilitándose, lo cual es una tragedia puesto que la lengua es un elemento central en la cultura de un pueblo y esa centralidad de la lengua implica que, con la pérdida de la lengua, se debilita muchísimo el pueblo y puede desaparecer como entidad social cohesionada.

¿Por qué cuando mencionamos una lengua originaria, siempre se le relaciona con la pobreza?

Hay unas brechas persistentes en el acceso de los pueblos originarios al ejercicio de sus derechos, al ejercicio de la ciudadanía y a los servicios públicos. Esto no les permite desarrollarse en igualdad de condiciones, accediendo por ejemplo a educación de calidad, a salud, a justicia, a servicios básicos como agua y desagüe, y por supuesto también a recursos económicos.

Esto se da porque en nuestros dos siglos de república naciente la postergación de la población indígena ha marcado una continuidad con la etapa colonial previa, de manera que hoy no podemos decir que los pueblos indígenas estén plenamente incorporados en igualdad de condiciones que la sociedad mayor castellanohablante. Y para entender este fenómeno tenemos que pensar en el desplazamiento de una lengua originaria por presión del castellano, tenemos que pensar que es un correlato lingüístico de un proceso social más profundo. El proceso social es el contacto de grupos económicos y sociales de poder desigual en una sociedad. Entonces, lo que sucede con estos grupos es que unos dominan a los otros, y los excluyen de la participación política y de acceso a recursos. En suma, del poder.

Entender así la profundidad del problema implica que no se puede resolver la pérdida de lenguas en el Perú maquillando solo las ronchas que se ven en la piel. Para cualquier enfermedad hay que atacar la causa profunda, lo mismo pasa con la desaparición de las lenguas originarias. Podemos trabajar en revitalización de lenguas, en trasmitir mejor las lenguas, en dar incentivos para que las personas transmitan las lenguas a sus hijos, pero este proceso histórico será indetenible mientras que las causas más profundas que lo producen no se resuelva y esas causas tienen que ver con lo que estamos viendo hoy, donde claramente vivimos un momento de estallido social en el que las causas, las banderas que se han levantado, no son solo asuntos políticos o económicos sino que son mucho más profundas, son banderas identitarias a partir de las cuales la población pide dignidad, respeto, representatividad y acceso al poder y tomas de decisiones.

Respecto a la crisis política y social actual, el anterior premier, Pedro Angulo, dijo que en algunos lugares los manifestantes eran quechuahablantes y no entendían las indicaciones de la policía y por ello se daban los enfrentamientos. ¿Qué opinas al respecto?

Esas declaraciones son lamentables porque revelan una absoluta ignorancia sobre las condiciones del país. Lo primero que hay que decir es que no es cierto que las poblaciones rurales no entiendan bien el castellano, eso es falso porque en el Perú el bilingüismo es muy difundido, es casi generalizado. Poblaciones monolingües ya casi no hay en Perú, la mayoría de las personas que han protestado son bilingües. Por lo tanto, decir que los manifestantes no entendían a los policías revela una inmensa e insondable ignorancia de quienes nos gobiernan.

En este contexto también se ha mencionado que una sociedad se desarrollaría mejor si hablara solo un idioma, pero en tu libro señalas que obligar a las personas a hablar una lengua que no es suya es un acto de violencia. ¿Por qué?

Exigir el conocimiento del castellano para el ejercicio de la ciudadanía es imponer un requisito a los cuatro millones y medio de peruanos y peruanas que tienen como primera lengua una distinta al castellano. Es exigirles un requisito que no se le exige al resto de la población, es ponerlos en desventaja, en desigualdad de condiciones en su país, país donde ellos han nacido y pagan impuestos. Entonces, si este Estado es el que debe estar al servicio de todos los peruanos, debe servir a los pueblos respetando sus características culturales y lingüísticas.

Por lo tanto, exigirles aprender castellano para recién poder ejercer la ciudadanía en su propio país es tremendamente violento y, en realidad, esconde detrás una imposición más grave. Es como si el Estado les diría: “Abandona tu cultura y tu lengua porque este país no se hizo para ti, se hizo para los que hablamos castellano. O te insertas o desapareces”. Es trasladar la responsabilidad al ciudadano en lugar de al Estado que funciona bajo una lógica monolingüe en un país donde se hablan 48 lenguas originarias.

En el título del libro también hablas de “justicia lingüística”, un término que para muchos será nuevo. ¿Por qué es necesario hablar de justicia lingüística en el Perú?

Lo que yo planteo es que en el Perú se vive un apartheid lingüístico; es decir, un régimen de exclusión que, aunque no está escrito en las leyes, no por eso es menos real. Tenemos el tremendo problema que estamos viendo hoy en las protestas, es un problema mucho más complejo del que muchos pueden pensar. Debemos entender que la población está pidiendo respeto, dignidad y justicia, y esa justicia no se resuelve solo con un reconocimiento de decir que sí, que en el Perú hay 48 lenguas originarias o 55 pueblos indígenas, no, no se resuelve con el solo reconocimiento. Se resuelve con algo que va mucho más allá, que es la garantía del ejercicio pleno de los derechos lingüísticos y eso implica resarcir la violencia que se comete permanentemente contra los pueblos originarios, eso es un sentido de justicia lingüística, que es un concepto que se está usando mucho en otros países.

En los últimos años ha aparecido una aparente reivindicación de los pueblos indígenas y de las lenguas originarias. Se habla mucho de la riqueza cultural que tenemos, incluso en los centros de idiomas han aparecido cursos donde ya se enseña otros idiomas nativos además del quechua. ¿Se está reivindicando como debe ser a las lenguas originarias o se trata solo de una especie de moda pasajera?

Yo creo que la transformación social, en términos de una mayor relevancia de la diversidad cultural, es indetenible. Lo que pasa es que, mientras eso está avanzando, hay sectores del país que o ni se enteran o combaten este cambio directamente con actitudes de desprecio y de negación de que todos los peruanos somos iguales ante la ley. Entonces, descubrir eso como lo hemos descubierto tan amargamente en el despliegue grosero de los discursos racistas en este tiempo, nos lleva a darnos cuenta de que en boca de ese sector de la sociedad peruana racista y clasista, la celebración de la diversidad es artificial, es folklorizante, es externa. No implica la aceptación del otro en toda la dimensión de su valor como peruano.

La desaparición de las lenguas originarias está pasando, es innegable. ¿Ese es un proceso irreversible o hay alguna esperanza de preservarlas?

Esa es una pregunta difícil de responder. Por un lado hay lenguas con las que, lamentablemente, poco se va a poder hacer y van a perderse indefectiblemente pero hay otras lenguas que no, que tienen mucha fortaleza. No necesariamente las lenguas más habladas tienen mayor vitalidad o están aseguradas. Lenguas como el awajún o el asháninka, por ejemplo, están siendo transmitidas a los niños. Hay una situación muy compleja, es necesaria la toma de conciencia del pueblo, y que el Estado ofrezca las condiciones para que los pueblos puedan luchar eficazmente contra la pérdida de sus lenguas.

Sin embargo, yo tengo esperanza. Yo veo un futuro en el que muchas lenguas originarias van a fortalecerse. Me parece que eso tiene que ver con lo que estamos viviendo y cómo los pueblos originarios asuman el rol que ocupa su lengua en la lucha por su identidad.

En las últimas semanas se habla mucho del auge de la inteligencia artificial. ¿En el campo lingüístico se ha analizado cómo esta u otra tecnología puede ayudar a que las lenguas no desaparezcan?

Ahí hay un asunto complejo. Evidentemente, las lenguas originarias para no perderse tienen que abrazar la tecnología y eso implica tener páginas web escritas en esas lenguas, diccionarios en línea y todo tipo de entornos digitales. Sin embargo, hay una tremenda desigualdad en la cantidad de recursos que se otorgan a algunas lenguas frente a otras en el mundo digital.

En todo el planeta tenemos unas 7 mil lenguas pero solo a un puñado de estas se le inyectan recursos para el desarrollo de plataformas de inteligencia artificial. Ni siquiera el quechua, que es la lengua americana más hablada en el mundo, puede tener por ejemplo reconocimiento de voz. Una de las bases de la inteligencia artificial es el procesamiento de voz a texto y eso aún no se ha hecho con el quechua. Hay mucho camino por recorrer. A mi entender, eso debería estar haciéndolo el Estado peruano.

En tu libro mencionas que los avances del Estado no están en proporción al ritmo en que van desapareciendo estas lenguas. ¿Qué le falta al Estado para lograr que las lenguas no desaparezcan?

El Perú tiene un muy buen desarrollo normativo respecto a las lenguas originarias. Después de la Ley de Lenguas Originarias en el 2011 (Ley que regula el uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión de las lenguas originarias del Perú) tenemos 12 años en donde se ha avanzado muchísimo en todo el aparato normativo. Estamos hablando de políticas, reglamentos, archivos, registros, promoción de intérpretes, de avances muy importantes, pero no es suficiente.

En el Perú, la gente y menos los políticos saben de hacia dónde apuntan las reformas planteadas en este tema. Estas apuntan hacia la oficialización de las lenguas originarias; es decir, a que el Estado funcione de forma multilingüe y que todo el ecosistema lingüístico del país se transforme hacia el multilingüismo, y eso no está recibiendo el impulso que se necesita. Además, se tiene que crear el Instituto Peruano de Lenguas Indígenas, se tiene que crear el Archivo Nacional de Lenguas Indígenas, se tiene que fortalecer la formación de traductores e intérpretes, se tiene que avanzar muchísimo. Sin embargo, vemos es que ese tipo de acciones en favor de los pueblos originarios, no le interesa a la clase política porque no encuentran ahí ningún beneficio o provecho personal que sacarle.

Señalas también que si hay que buscar un culpable de la desaparición de lenguas debemos mirarnos al espejo. ¿Qué podría hacer la población para contribuir a que las lenguas originarias no desaparezcan?

Se trata de comprender el rol que cada uno de nosotros jugamos en este asunto. Lo que hay que entender es que la desaparición de lenguas se genera por una dinámica de discriminación a todo nivel, racial y lingüística. Cuando estas ideologías racistas son estudiadas a profundidad nos revelan que son sistemas discursivos elaborados desde el poder para sostener, justificar y profundizar los sistemas de dominación de un grupo a otro, y el control de los recursos económicos. Todos estos discursos que justifican la discriminación están en las mentes de todos los que habitamos en la sociedad. Podríamos decir que todos somos racistas porque todos somos peces que nos movemos en el agua racista. Por ello, todos nosotros tenemos un rol en el combate contra la discriminación hacia las lenguas originarias. Todos lo podemos hacer, desde dejar de reírnos de alguien que habla de una forma distinta a uno, a dejar de pedir que le metan bala a los que hablan una lengua distinta. También debemos denunciar todo acto de discriminación. Todos tenemos un rol que jugar en este problema público.

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