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A la conquista del Huaytapallana: un reto del valle a la nieve

Llegar hacia él es todo un desafío, pero, al mismo tiempo, un sueño todavía alcanzable que podría desavanecerse en los próximos diez años. Foto: Nicolás Castro

Para los andinistas consumados el Huaytapallana es un paseo en la montaña. Para los simples mortales , en cambio, significa todo un desafío de altura que merece ser recorrido con paciencia y asombro.

Te advierten que entrarás a tierras de bajísmas temperarturas. Que hará más frío que lo que hace en la ciudad de Huancayo. Que será todo un reto para ti porque no estas acostumbrado a la altura. Y que, quizá, si no vas ahora no volverás a tener el privilegio de conocer al gigante de hielo que se desvanece con los años. No será fácil llegar a los pies del nevado Huaytapallana, pero tampoco imposible. Todo dependerá del físico que tengas y del buen humor que te sobre. Asi que, tú, espíritu temerario, que aún no ha coronado ninguna cima andina, agrega valor a esta aventura y brinda con un par de ‘calientitos’, antes de ascender. 
 
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Es irónico que escuches todas esas recomendaciones en plena ruta. Sobre todo porque un día antes es posible que te hayas sumergido bajo el barullo de la catarata Boca Tigre (Chanchamayo) con el fin de apaciguar el calor de la selva central, mientras que ahora, a más de 3.300 m.s.n.m., tu única preocupación es esquivar las bofetadas del viento frío que remecen contra los excursionistas recién llegados de la capital.

Durante la ruta hacia el nevado de Huaytapallana, atravesarás varios pueblos andinos que aún mantienen la tradición del campo y bailan al ritmo del santiago. Foto: Gunther Félix

Así te recibe La Incontrastable. Entre la altura y el frío, pero con harta hojita de coca para chacchar y un matecito para calentar el espíritu aventurero.

Para llegar hasta el apu Huaytapallanna, primero debes atravesar algunos distritos de la sierra central. Dejrs atrás San Carlos, Santa Antonio, Palian, pero  es necesario hacer un alto en Vilcacoto después de treinta minutos de recorrido. La parada no es en vano, además de aprovechar la hora azul para admirar los atractivos paisajísticos, también te sirve para comprar algunos artículos en una bodeguita cercana. Allí los turistas nacionales y extranjeros complementan su armadura contra las bajas temperatura, adquiriendo guantes, chalinas, chompas y hasta medias de lana.

El nevado de los sueños

Una vez armado y bien abrigado, tu siguiente rumbo es el Huaytapallana que traducido al español significa el “lugar donde se recolectan flores”. Según Willy Carrasco, representante de la Asociación de Guías oficiales de Turismo de Huancayo, te explica que el nombre que ostenta el nevado se debe a la fiesta del Tayta Shanti, una celebración que se desarrolla cada año y que consiste, precisamente, en recolectar las flores que crecen al pie del apu Huanca. Posterior a ello, las flores recogidas son usadas para adornar los sombreros de los hombres.

Al llegar a la zona de la Virgen de las Nieves, el ascenso al nevado supera los 4 000 m.s.n.m. Foto: Gunther Félix

También se dice que el nevado posee un valor místico inusual. Que antes era un dios adorado por los huancas que llamaron a esta deidad Carhuancho. Pero Carhuancho no era un ser divino, sino un usurpador porque los huancas habían sido creados por el gran Wiracocha. Y que esta divinidad, maldijo al estafador convirtiéndole en el actual nevado del Huaytapallana.

La minivan sigue su ascenso hasta bordear los 4.000 m.s.n.m. en la zona denominada la Virgen de las Nieves, que es donde todos los vehículos se detienen para comenzar con el ascenso. Muy cerca de allí, hay una pequeña capilla que cobija la imagen de esta virgencita, considerada la patrona de los viajeros. Rezos por aquí y rezos por allá. Velas van y vienen. Es el ritual que varios aventureros repiten antes de andar por los dominios del ‘Dios de las montañas’.

El gigante que agoniza

Tus primeros pasos son inciertos. La geografía inexacta agita el cuerpo mucho antes de llegar a las próximas lagunas que son el producto de las lágrimas del nevado. Y es que se dice que el Huaytapallana lloró tanto que formó quince lagunas y, a su vez, destruyó un sueño que hasta hace poco podías convertirlo en realidad: escalar la isla de hielo.

Descanso a orillas de la laguna Cochagrande con vista al nevado Huaytapallana. Foto: Nicolás Castro

“Ya no es escalable porque sus grietas son peligrosas y podrías accidentarte”, es el mensaje que desvanece un sueño. Ahora solo queda admirarla. Ya lo decía, incluso, el recordado exministro del Ambiente, Antonio Brack, quien sostuvo que el nevado podría desaparecer en los próximos quince años debido a los efectos del cambio climáticos. Aquel presagio lo anunció en 2009, cuando el glaciar ya había perdido el 50% de su superficie. Hoy, apenas queda algo de este nevado que difícilmente se aprecia a lo lejos. Pronto su pico más alto, el Lasuntay, solo será una cúspide rocosa y sin color.

Pero el camino ha de continuar, con suerte y con el pecho agitado se puede llegar a la laguna Carhuacocha que nace del deshielo del nevado. Esta laguna, o cocha para intentar algunas palabras en quechua, tiene un color azul turquesa agradable a la vista de los caminantes que aprovechan este escenario fantástico para descansar antes de continuar el viaje. Mientras tu haces lo mismo, el descanso es aprovechado para comprender el saber popular y mítico que esconden estos senderos. 

Algunas por supuesto rayan en la leyenda y que más se puede esperar que te cuenten de estos parajes casi imposibles de creerlos realidad. Entonces las fabulas comienzan: si una mujer no puede tener hijos, lo único que debe hacer es visitar el nevado y procrear con su amante frente a los ojos del Huaytapallana para que de esa forma se cumpla el milagrito de quedar embarazada. Lo contado es para reírse de las ocurrencias populares, pero deja de ser chiste cuando más de una huancaína da fe de ese ritual.

Varios patos silvestres revolotean en las aguas de la laguna Cochagrande, cuyas aguas también cobijan a truchas. Foto: Gunther Félix

Tal vez sea porque, según los pueblerinos, aquella puntiaguda cumbre es una montaña macho y que por eso complace los milagritos de las mujeres tras haber sido espectador de una escena erótica.

Cierto o no, vuelves al tramo que  se va haciendo cada vez más corto pero a la vez, más imposible de llegar. A partir de aquí, a 4 800 m.s.n.m., la vegetación se reduce  y el camino apenas se distingue. “Si llegas a perderte –reaparece el guía– solo tiene que seguir las apachetas, o piedras acumuladas en forma de torreones, estas sirven como señales para los pastores y turistas cuando la niebla opaca el lugar”.        

Pero de tanto trajinar en los límites de Huancayo y Concepción, llegas, finalmente, a lo que sería tu última parada: la laguna de Cochagrande, que al juntarse con las aguas de Carhuacocha originan el río Yuracyacu, el principal abastecedor del distrito Pariahuanca.

Frente a esa inmensa laguna yace el Huaytapallana o lo que queda de él. Apenas hermoso, apenas imponente. Su descongelamiento ha provocado que los aventureros deban caminar más kilómetros para llegar a la nieve y disfrutar de ella. Otros, en cambio, han utilizado ese sufrimiento para crear poemas que buscan concientizar:

Encuentro con el Apu Huanca a más de 4 800 m.s.n.m. Dicen que aquel nevado era un dios estafador al que los huancas adoraban.  Foto: Gunther Félix

A tu lado Huallallo sufre  tu desgracia
A tu lado Carhuacoha llora sin consuelo
A tu lado el Shullcas desfallece
A tu lado la virgen de las nieves se oscurece.

                                                                                     Mas  tu pueblo te ignora.
                                                                                Mas  tu historia hoy se pierde.
                                                                                     Mas tu  nombre se disipa.
                                                                                  Mas tu blanco manto muere.
                                                                                              (Cinco autores)

Y es que todo vale cuando se conquista al ‘Dios de las montañas’. Un gigante de hielo que se resiste a desaparecer en este lado de la Cordillera de los Andes, en Junín. Si intentar coronar su pico más alto (5 5758 m.s.n.m.) significó para ti un desafío de dioses, imagina el camino de regreso. El panorama te parecerá desalentador, pero rápidamente esas complicaciones se borrarán de tu mente. Más aún cuando te das cuenta que el esfuerzo valió la pena, siquiera, para tocar el cielo por un momento sin haber muerto siendo un puritano. ¿O no?

En la actualidad el nevado del Huaytapallana ha perdido más del 60% de su superficie. Podría desaparecer en los próximos 10 años. Foto: Nicolás Castro

En Rumbo

Viaje: De Lima a Huancayo por la carretera Central. Tiempo: seis horas.

También puedes viajar con con Cruz del Sur (www.cruzdelsur.com.pe/)

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Acerca del autor

Gunther Félix

Periodista de esquina y del monte. Fotógrafo y peregrino urbano los fines de semana.

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