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Travesía a Gocta: la catarata que toca el cielo

En medio de la provincia de Bongará, el valle de las cataratas, se esconde una imponente caída de agua digna de conocerla y admirarla. Foto: Hacienda Achamaqui

Antes nadie se atrevía a subir para visitarla por temor a la sirena que vivía allí. Hoy, la catarata Gocta  en la localidad de Bongará, Amazonas es una de las más buscadas por los ecoturistas en Perú. Conozca con Rumbos una de las caídas de agua más altas del mundo.

Amanece con el cielo limpio en la Hacienda Achamaqui. Después de una plácida estadía sumergida en el Valle de Utcubamba, en Chachapoyas, Amazonas, nos disponemos a partir rumbo a la provincia de Bongará, conocida en la zona como el ‘valle de las cataratas’.

Como es habitual es punto de partida de esta aventura es en la Hacienda Achamaqui. Foto: Wilson Garcia

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Nuestro guía insuperable en esta aventura fue Elmer Guiop, quien hizo de la ruta una entretenida charla sobre los atractivos naturales que cobija esta parte del norte del Perú. Pero de todas las caídas de agua y manantiales que se mencionan en la conversación, un destino es la más invocada: Gocta, una de las más visitadas de la región. El encuentro con ella, aseguraban, resultaría majestuoso, excitante y refrescante.

La catarata Gocta se ubica a poco más de media hora del hotel, siguiendo el curso del río Utcubamba hasta poner un pie al distrito de Valera, en Bongará. De allí existen dos opciones que nos permiten descubrir una de las cataratas más altas del mundo: por Cocachimba o por San Pablo.

Nosotros escogimos la pequeña comunidad que comenzó a impulsar los circuitos turísticos hacia la famosa caída de agua cuando recién esta se dio a conocer al mundo. Así es, hablamos del centro poblado de San Pablo, donde fuimos bien recibidos con los brazos abiertos por la hospitalidad de los pobladores de la zona.

Viaje a caballo

Sin contratiempos, llegamos a la placita de San Pablo, desde donde salen varios caballos dispuestos a trasladar a los turistas por un largo recorrido que se extiende en el horizonte. La mejor opción, pues pese a que el trayecto es de apenas seis kilómetros desde el centro poblado,  hay que sortear  un camino recubierto de piedras, fango y empinadas trochas que alargaban la ruta por más de dos horas.

Es así que mientras vamos montando uno de estos robustos animalitos, podemos realizar varias pausas a través de los senderos en los que se extienden  lindos miradores y monumentos rocosos dignos de admirar: al margen del camino se observaban algunas pinturas rupestres.

“Recordemos que los antiguos hombres eran nómades. Ellos tenían la costumbre de marcar su territorio”, nos dice Elmer. De vuelta al camino, nos detenemos en una roca que con el tiempo se ha convertido en un mirador natural para los viajeros. Cerca de allí hay un desvío que, según el guía, nos puede conducir hacia la segunda caída de Gocta, un circuito alternativo que da la vuelta olímpica y termina en Cocachimba. Esa maratón podría durar hasta ocho horas.

Rumbo a caballo. El recorrido por San Pablo es de seis kilómetros. Foto: Wilson Garcia

En épocas de lluvia, de diciembre a marzo, nos dice nuestro guía, en San Pablo se llegan a ver hasta más de 20 caídas de agua. Por eso, varios turistas y aldeanos consideran que Bongará es un valle de cataratas, una puerta de entrada a la selva. Y es entre todas estas delgadas cascadas que sobresale Gocta, por el fuerte rugido de sus aguas.

Pero no siempre fue la más atractiva de todas. Mientras tomamos las riendas de nuestra aventura a través de esta infinita trocha, al mismo tiempo, viajamos en el tiempo y nos remontamos en aquella época en que las habitantes de este valle no podían conciliar el sueño por las noches debido a la interrupción ocasionada por el barullo de Gocta, una catarata a la que nadie se acercaba por temor a la sirena que vivía allí, según cuenta el presidente de la Asociación Comunal de Turismo San Pablo-Gocta, Román Pérez Mendoza..

Sin embargo, ‘La Chorrera’ no siempre fue temida. En 2002, nos ilustra el experimentado guía, un avezado alemán de nombre Stefan Ziemendorff llegó a la zona de pura casualidad. Su intención era conocer los sarcófagos de Karajía, hechos por los antiguos chachapoyas (una cultura preinca), pero entre esas excursiones por la selva de Amazonas avistó a lo lejos un inmenso hilo de agua. Era Gocta.

Grupo de periodistas y blogueros que realizaron el tour en Amazonas. Foto: Wilson Garcia

Entonces, volvió en 2006 y no para solo para verla otra vez, sino para mediarla. Según sus informes, el salto de agua medía 771 metros de altura. Stefan había mostrado al mundo la ubicación de la tercera catarata más grande del mundo.

Cerca al cielo

Después de intercambiar algunos pasajes históricos y andar por más de media hora, la extenuante geografía de la ceja de selva de Amazonas se va abriendo hasta dejar un paisaje amplio, verde y húmedo. Estamos al pie de la primera caída de Gocta, donde el viento arrastra sus gotas frías que empapan al visitante apenas en segundos.

¡Oh por dios!, es algunas de las expresiones que soltamos ante tanta belleza natural. Una catarata que produce emociones con solo apreciarla. Pero el encuentro con Gocta no termina allí. Aún falta atravesar las últimas curvas, subir por las escaleras y avanzar a paso firme por aquella quebrada que te pondrá al frente del torrente.

Foto: Wilson Garcia

Es aquí, donde nos olvidamos de las leyendas de sirenas y de los episodios históricos para darnos un baño de relajación en medio de la selva. En ninguna otra parte sentirá una conexión igual de privilegiada que con la catarata Gocta. Aunque sí podrá experimentar una similar sensación en las confortables inmediaciones de la Hacienda Achamaqui, nuestro punto de retorno de este grandioso viaje. Un refugio para desconectarse del mundo, pasarla en buena compañía con la naturaleza y disfrutar de una agradable fogata bajo la luna llena. ¿Qué esperas para conocer esta refrescante maravilla? Conoce Amazonas

Recomendamos

Alojamiento y tours: en el Hotel Casa Hacienda Achamaqui
Lugar: a 20 Km de la ciudad de Chachapoyas, en el valle de Utcubamba (Amazonas)
Web: www.achamaqui.pe
Teléfonos: Tlf. (+51) 933 189 224
Reservas: reservas@achamaqui.pe

En Rumbo

Viaje: de Lima a Chachapoyas (la capital de Amazonas) por vía terrestre (23 horas). En avión: 60 minutos aproximadamente de Lima a Jaén (Cajamarca).).

Planifique su próximo viaje  Rumbos Viajes: rumbosviajes@rumbosdelperu.com

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Redacción Rumbos

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