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Amazonas, una ‘gocta’ de paraíso

No hay que morirse siendo puritano para llegar al paraíso, se puede descubrir en vida. En el valle de las cataratas de Bongará (Amazonas), los dos centros poblados San Pablo y Cocachimba se erigen como paradas ecoturísticas obligatorias para disfrutar del sosiego de la selva y la aventura antes de llegar a Gocta: una paraíso por descubrir. Cambia de rutina. Viaja

Pero así como existen dos rutas para llegar a este paraíso amazónico, también existe una experiencia distinta para cada travesía. Por eso en esta crónica viajera te relataré dos viajes distintos pero con la misma dosis de aventura que ofrece la selva en este valle de cataratas a sólo 90 minutos desde Chachapoyas (Amazonas).

MÁS RUMBOS: Amazonas: al encuentro de la catarata Gocta

Y es que para los que no saben, por más que la catarata Gocta se ha consagrado como un ícono de la conservación en esta región, sigue siendo un atractivo reciente, casi nuevo y por el cual los senderos que la conectan motivan a realizar una largo trekking donde los cambios de temperatura y la fatiga se pasan por alto para concluir el recorrido y decir con toda la razón del mundo: “la caminata sí valió la pena”.

Viajero inmortaliza en su cámara la silueta de la catarata Gocta. Foto: Gunther Félix

Así que dicho todo esto, empezaremos el viaje con San Pablo, donde los guías de la zona afirman que se camina menos. Aunque la ruta no cuente con tramos muy consolidados, se puede apreciar todo el esplendor de la catarata a través de miradores. Al otro lado del ring, perdón de esta travesía esta Cocachimba, donde los mismos especialistas en ruta reiteran que es la ruta es más larga, pero donde se aprecia mejor las dos caídas del Gocta por más tiempo. Larga o corta. Afirmados o accidentados. Nosotros, los periodistas de Rumbos, recorrimos ambas.

Sueño amazónico

Antes de convertirse en el paraíso ecoturístico de la amazonía peruana, La Chorrera (como se le llama localmente a la catarata Gocta) era temido por los pueblerinos de San Pablo (Bongará, Amazonas). “A veces el fuerte barullo de la Chorrera no dejaba dormir al pueblo”, recuerda Román Pérez, presidente de la Asociación Comunal de Turismo San Pablo-Gocta, sobre aquella caída de agua a la cual nadie se acercaba por miedo a la sirena que, según la leyenda, allí vivía.

Entonces pasaron las semanas, meses y años, hasta que un gringo lo vio de casualidad allá por el 2002. Aquel extranjero visitó la zona en busca de los sarcófagos hechos sobre piedras por los antiguos Chachapoyas que tanto le habían recomendado durante su paso por Amazonas.

Refrescante chapuzón antes del encuentro con la catarata Gocta. Foto: Gunther Félix

Fue así que de casualidad, en sus andanzas por esos parajes amazónicos de la provincia de Bongará, divisó a lo lejos una chorrera singular. Volvió el 2005 para verla desde un mirador natural, guiado hasta allí por un lugareño del Cocachimba (sí, la otra ruta). Se quedó tan sorprendido por tal belleza que regresó el 2006, pero para medirla. Ese gringo era Stefan Ziemendorff, quien gracias a su revelador medición (771 metros de altura) logró que la revista National Geographic Society la catalogara como la tercera catarata más alta del mundo.

Después de su redescubrimiento, le pusieron Gocta. Algunos guías turísticos señalan que se debe a que su elástica caída se da de ‘gota en gota’. En fin. Esos datos, los escucharás a medida que te aproximes a tu objetivo tras atravesar los 5,8 kilómetros que separan a la comunidad de la catarata.

Es una ruta cortísima, dirás. Pero con suerte lo recorrerás en dos horas. Y es que son las piedras, las trochas empinadas y los fangos los que alargan tu viaje. Pero tranquilo, tienes más de tres miradores que te permitirán contemplar ese pedazo de paraíso. Y seguirás por ese camino zigzagueante, subirás los últimos escalones de madera hasta llegar al pie de la primera caída (231 metros) y dejarte empapar por esa sabrosa brisa que golpea el cuerpo, pero relaja al mismo tiempo.

El viaje por Cocachimba comprende tres horas a pie y media hora en caballo. Vamos a Gocta. Foto: Gunther Félix

Cocachimba mil veces

Te dicen que la otra ruta será casi larga, empinada y todo un reto. Te ríes porque sabes que para eso has venido: para redescubrir esa ‘gota de paraíso’ mediante la misma ruta que eligió el gringo Stefan cuando emprendió su aventura por la provincia de Bongará. Hablamos de Cocachimba, donde comienza la atracción para varios viajeros que aman las caminatas, la cabalgata (servicios adicionales) y el avistamiento de aves.

Créelo o no, por esta ruta de dioses, además de poner a prueba la resistencia física, también podrás endulzar su recorrido, si es que tienes suerte, con la presencia del gallito de las rocas (Rupícola peruviana), aunque digan que a esta ave solo se ve en la ruta de San Pablo. Solo hay que abrir bien los ojos.

Pero por más que no tengas suerte, seguirás tu rumbo por esas empinadas trochas que te llevarán a un puñado de miradores y a un tambo donde podrás refrescar la garganta con fresco guarapo (jugo de la caña de azúcar). Una vez recuperadas las energías seguirás con tu travesía que aunque parezca una eternidad, recordarás que sólo faltan cinco kilómetros y mantendrás los ánimos de explorador.

Al pie de la segunda caída, los viajeros reciben el intenso barullo de Gocta. Foto: Gunther Félix

No pararás al menos que sea para fotografiarte con los frondosos paisajes de una selva alta que no deja de sorprender a más de 1.700 m.s.n.m. Y para cuando ya te estés dando por vencido, empezarás a escuchar el sonido de una cautivadora catarata que por más que no sea el hábitat de bellas sirenas, continuarás hasta llegar a ella. Sólo cuando el bosque se abre hasta darte ese vistazo de una imponente catarata, sentirás la verdadera recompensa de la naturaleza.

A partir de aquí todo resulta enigmático frete a la segunda caída del Gocta. Según el World Waterfall Database, esta caída de agua de 540 metros es considerada como la quinta mayor del mundo. La primera es la del Salto del Ángel, en Venezuela, con 807 metros. Colosal, formidable y admiración.

Podríamos recomendarte que vayas con ropa de baño, pero el barullo de esta catarata es tan fuerte que solo sentirás frío. Lo recomendable es llevar ropa impermeable. ¿Piensas en el trayecto de regreso? Descuida, aún tienes la opción de retornar en caballo, pero eso tiene otro precio. Aunque eso, ya lo sabes.

En Rumbo:

¿Cómo llegar? Desde los caseríos de Cocachimba y San Pablo de Valera (a 21 y 23 kilómetros de Chachapoyas respectivamente). La caminata a la catarata toma 3 horas aproximadamente. Desde Valera toma unas dos horas.

Dicen que existe una ruta que da la vuelta completa de Valera – Gocta – Cocachimba y que toma de 9 a 10 horas.

Recomendación: Si pides los servicios de un caballo, recuerda que el costo es de 30 soles ida y vuelta.

En Cocachimba se cuenta con Gocta Lodge, un refugio único para disfrutar una estadía relajante con una vista privilegiada a la catarata Gocta. Reservas al 950 465 396

Por San Pablo puedes pedir los servicios de tour de la Asociación Comunal de Turismo San Pablo Gocta- Bongará (Amazonas). Contacto: Román Pérez Mendoza en el 978 881 941

PLANIFICA TU VIAJE: rumbosviajes@rumbosdelperu.com

 

Acerca del autor

Gunther Félix

Periodista de esquina y del monte. Fotógrafo y peregrino urbano los fines de semana.

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