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Foto del debate presidencial entre Vargas Llosa y Alberto Fijimori
Cultura

Vargas Vs. Fujimori

36 años de debates presidenciales

Hoy, 28 de marzo, el escribidor habría cumplido 90 años. Además, este lunes se retoma el debate presidencial, por lo que ambas coyunturas nos sirven de coartada para recordar al Nobel y subrayar como es que, 36 años después del famoso careo en el centro cívico, la agenda medioambiental sigue ausente.

Por Martín Vargas

Mario Vargas. Así, a secas, sin el Llosa. Sin el fulgor que le confería su segundo apellido, como tratando de mutilarle esa fama que envidiaba con fijación de kamikaze mestizo, se refirió Alberto Fujimori al Nobel characato.

Era el debate presidencial de 1990. La leche se había evaporado de Todos y Monterrey, un pan francés costaba 200 soles y los limeños, indolentes a las matanzas de Sendero en la sierra, bailaban de toque a toque con Rully Rendo

DECADA DE LOS NOVENTA DEBATE ENTRE LOS CANDIDATOS PRESIDENCIALES MARIO VARGAS LLOSA Y ALBERTO FUJIMORI FOTO: EL COMERCIO

La sede del careo entre el novelista y el ex rector de la Agraria fue el centro cívico, esa mole brutalista del cercado, construida sobre lo que fue el Panóptico de Lima y que estuvo abandonada por varias décadas.

Vargas Llosa llegó turbado por un fenómeno que parecía irreversible: la trepidante aceptación que, con la velocidad de una plaga, cosechaba el japonés al que la gente llamaba chino y que prometía, trepado en un tractor americano, poner fin a la crisis nacional con honradez, tecnología y trabajo.

Por eso, el candidato de Cambio 90 entró envalentonado. Y es que no solo tenía las encuestas a su favor, sino que, además, había incorporado a su entorno a Vladimiro Montesinos. Fue el capitán en retiro el encargado de planificar la demolición de su paisano. Un arte sombrío, pero eficaz, en el que Fernando Olivera lleva décadas intentándolo sin suerte.

Fue Montesinos quien aconsejó mutilar el apellido materno para igualar la cancha. Para convertir al baluarte literario y orgullo nacional, en uno más, en uno como Alberto Kenya. Además, le dio clases de como escupir sobre la honra del escritor. Fujimori, siguiendo a pie juntillas sus indicaciones, acusó a Mario de ser un pervertido, un cocainómano y exhibió la portada que al día siguiente sacaría el diario Ojo, dando como ganador del debate al escritor.

Con esas tretas y sin redes sociales para refutar los ataques, la batalla mediática fue ganada por el chino, pero eso ya lo sabías. Fujimori descartó, sin rubores en su rostro amarillo como de papel bulqui, que aplicaría el shock económico anunciado por Vargas Llosa para frenar la hiperinflación del gobierno aprista. Pero eso también ya lo sabías.

Pero, lo que quizá no recordabas, es que en 1990 los temas tratados fueron los mismos que se siguen abordando ahora, casi cuatro décadas después: soluciones económicas para cerrar brechas, lucha contra la pobreza y la corrupción y la inseguridad ciudadana.

Desde aquella infausta noche en la que Fujimori noqueó políticamente a Zeus, el tema medioambiental sigue siendo algo prescindible, un souvenir temático que la clase política se resiste a tocar.

A nadie parece interesarle que perdemos 40 mil hectáreas de bosque al año, que nuestra amazonia avanza inexorablemente hacia la sabanización. A la clase política le vale madre la contaminación de las cochas y ríos de esa sierra y selva que la televisión sigue vendiendo como el patio trasero nacional. Los destinos donde uno va por brebajes exóticos y para sacarse fotos con serpientes agonizantes que algún miserable saca de una mochila.

Nadie habla de la gran crisis hídrica que se viene en cinco años A nadie parece importarle que solo quedan 10 mil otorongos rondando los bosques donde nace el agua y por donde deambulan mukis y chullachaquis.

Quizá, si Vargas Llosa viviera y fuera candidato en estas elecciones, sería el único que podría correr la cortina del asesinato silente de la amazonía. Esa selva que lo atrapaba por su exhuberancia y de la que nos habló en La casa verde y Pantaleón y las visitadoras. Ese ecosistema bárbaro que, según Jaime Bayly en Los Genios, fue la locación imperfecta para el affaire del escribidor con Camucha Negrete.

 Allí, entre renacales y aguajes y tal como escribió en Elogio de la madrastra, seguramente hubo chorros de almíbar, dédalo y sensación. Ovario mágico, semen, sangre y rocío del amanecer.

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