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Lima, la ciudad donde la arqueología nunca duerme

En Lima, hogar de 10 millones de peruanos y más de 1000 sitios arqueológicos, el descubrimiento de una tumba antigua es encuentro más reciente con un pasado omnipresente.

El 22 de septiembre, Carlos Lalangui estaba cavando una zanja para construir una tubería de gas natural en las afueras de la ciudad cuando vio fragmentos de un cráneo humano a unos 30 centímetros de profundidad en la tierra removida.

Nunca vi este tipo de cosa antes”, dijo Lalangui, trabajador de la empresa de gas natural Cálidda. “Pero sabía que era posible”.

Dejó de excavar y avisó a su supervisor, que llamó a los arqueólogos. En poco más de una semana, habían descubierto los restos de 21 personas —ocho de ellas, niños— que vivieron hace entre 600 y 800 años, dijo Cecilia Camargo, arqueóloga en la empresa.

 mayoría habían sido enterrados al estilo clásico precolombino en Perú: sus cuerpos atados en posición fetal, sentados y envueltos en capas de textiles, rodeados de vasijas de cerámica, platos, ollas y figurillas. Uno de los adultos, que se cree que era un guerrero, fue encontrado en posición horizontal sobre cañas con una maza de piedra en forma de estrella; los restos de un niño de dos años se encontraron cerca.

Las tumbas, descubiertas en un barrio residencial de Carabayllo, un distrito al norte de la provincia de Lima, fueron un recordatorio del aparentemente omnipresente legado cultural precolombino de Perú, que sigue aflorando mucho después de que la conquista española diezmara a la población indígena.

En Lima, las huacas, montículos piramidales de ladrillos de adobe que se utilizaban como centros sagrados y administrativos, son el recuerdo más visible de los antiguos habitantes de la ciudad. Quedan decenas de ruinas de huacas enclavadas entre rascacielos, barrios de clase media y barrios populares.

En los últimos años se han encontrado tumbas y cerámicas antiguas durante la ampliación del aeropuerto de la ciudad y durante la construcción de un juzgado y una presa hidroeléctrica en pueblos cercanos. A principios de este año, un residente de Lima llamó a las autoridades culturales para informar de unos fardos funerarios que encontró mientras realizaba obras en su casa, dijo Yuri Castro, director de Patrimonio Arqueológico Inmueble del Ministerio de Cultura.

El Ministerio de Cultura de Perú ha registrado unos 26.000 sitios arqueológicos en todo el país. Sin embargo, las limitaciones presupuestarias hacen que solamente una parte pueda ser protegida de manera adecuada, según Castro. Más de 1000 yacimientos se encuentran en Lima, una metrópolis de 10 millones de habitantes que lleva ocupada más de 3000 años.

“Esos son los que quedan”, dijo Castro. “Con el avance de la ciudad se han ido desapareciendo”.

Solo la empresa de gas Cálidda ha realizado más de 1500 hallazgos arqueológicos en los nueve años que lleva instalando gasoductos en el área metropolitana de la ciudad, dijo Camargo, y emplea a un equipo de 30 arqueólogos. “En Lima, literalmente los 3000 años de historia de la ciudad esta debajo de nuestros pies”, dijo. “Nosotros hemos encontrado en casi todos los distritos de Lima metropolitana”.

Antes de que el imperio incaico surgiera en los Andes en el siglo XV, sociedades complejas aprendieron a prosperar a lo largo de la costa desértica de Perú al regar valles fértiles y recolectar abundantes reservas de pescado del Pacífico. Los arqueólogos esperan que el nuevo descubrimiento pueda ayudar a arrojar luz sobre esa cultura más antigua.

En la actualidad, la región de la costa alberga a la mayor parte de la población de Perú, y ya se han perdido innumerables yacimientos a causa del saqueo y el desarrollo.

“Es una victoria cada vez que los arqueólogos pueden recuperar algo de forma responsable y ponerlo en el registro”, dijo Daniel Sandweiss, el presidente de la Sociedad de Arqueología Estadounidense, que estudia cómo las sociedades costeras precolombinas en Perú se adaptaron al cambio climático causado por el fenómeno de El Niño. “Perú tiene los registros preeuropeos más fascinantes que cualquier otro lugar de América”.

John Villareal, otro trabajador del yacimiento, dijo que cuando era niño solía excavar tumbas en un cementerio precolombino en su pueblo en el norte de Perú, cerca de la ciudad de Chiclayo, laborando en equipos de 10 hombres con otros trabajadores.

Venían compradores de Chiclayo y nos compraban, en ese entonces rematábamos porque no sabíamos su valor”, dijo Villareal. Recordó haber encontrado y vendido máscaras, collares de conchas, pectorales de oro y esculturas de cerámica con temas eróticos. En el nuevo yacimiento, ayudó a empaquetar cuidadosamente un cráneo para transportarlo a un laboratorio de Cálidda para su posterior investigación. “Esto para nosotros en el norte lo botábamos”, dijo Villareal.

Las tumbas recién descubiertas probablemente formaban parte de un cementerio utilizado durante cientos de años por diferentes grupos que cultivaban a lo largo del río Chillón, dijo Roberto Quispe, arqueólogo de Cálidda. Los arqueólogos se dieron cuenta por primera vez después de ver las fotos aéreas, tomadas en la década de 1940, que mostraban los signos reveladores del saqueo de tumbas.

“Se ve que eran chacras y un arenal completamente lleno de huecos”, explica Quispe. “El cementerio había sido totalmente huaqueado y la gente empezó a asentarse acá”. Mientras Quispe trabajaba en el interior de una tumba, en un restaurante cercano sonaba música de cumbia y los transeúntes se detenían a mirar y tomar fotos.

“Vengo a mostrar mis hijos y sobrinos”, dijo Rolando Torres, un residente local, mientras niños con uniformes escolares se asomaban a una de las tumbas. Un vecino le había enviado a Torres un video del descubrimiento, por lo que acudió de inmediato a ver el lugar. “Nosotros que vivimos acá, es parte de nuestros antepasados”, dijo.

Los objetos encontrados en las tumbas corresponden a la cultura Chancay, que ocupó una zona al norte de Lima entre 1200 y 1450 d. C., y a un desarrollo cultural anterior conocido como Huaura. Entre los objetos desenterrados se encuentran una flauta de cerámica, una figurilla que quizá represente a una diosa y una versión temprana de un cuchimilco, una figurilla de cerámica con expresión de asombro o sorpresa que se colocaba en las tumbas de Chancay para acompañar a los muertos.

Poco se sabe de las ocupaciones chancay tan al sur, dijo Camargo. Estudios detallados de otros restos óseos de la zona sugieren que algunas poblaciones pudieron sufrir anemia y problemas de salud; en algunos entierros se ha encontrado un gran número de niños. “¿Qué está pasando en esa época?”, preguntó Camargo. “Parece que personas quizás están migrando”.

La mayoría de los hallazgos realizados por Cálidda durante la colocación de tuberías son de cerámica precolombina. Pero los arqueólogos de la empresa también han encontrado decenas de tumbas precolombinas, incluidas 40 en una media cuadra en el corazón de la ciudad y los restos de tres trabajadores contratados chinos que llegaron a Perú en el siglo XIX y fueron enterrados cerca de antiguas plantaciones agrícolas.

También en el centro de la ciudad, los arqueólogos han descubierto abundantes ejemplos de un estilo cerámico de 2000 años de antigüedad conocido solo como “blanco sobre rojo”. “Tiene tan poca investigación que los investigadores aún no lo referimos como una cultura”, dijo Camargo.

La compañía de gas ha abierto museos comunitarios y exposiciones en los distritos donde se han hecho los hallazgos, para que los residentes puedan verlos. “Puedes ver cómo lo conectan con su historia”, dijo Camargo. “Esa conexión es inmediata, el interés es inmediato”.

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