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Las Brisas de Acapulco

Por Carlos Rangel

Acapulco es rosa y brisa marina. Sobre una mole de roca maciza se erige una fortaleza que combate el tiempo y conserva el glamour de la época dorado del icónico balneario mexicano. Con sus 263 habitaciones con vista al mar y 100 piscinas, el Hotel Brisas de Acapulco se mantiene vigente para contar no solo su historia sino la del destino en sí ya que no solo ha sido testigo sino también protagonista al hacer un aporte invaluable al desarrollo del turismo de México y de toda la región.

Los inicios

Las Brisas abrió sus puertas en Acapulco en diciembre de 1954. Para este momento, el puerto de Acapulco ya estaba bien posicionado en el mapa turístico internacional, probablemente era el destino más popular del mundo de ese entonces. Su bahía era considerada como la más hermosa del planeta, al extremo de atraer a millonarios como Aristóteles Onassis y famosas como Elizabeth Taylor.

El presidente y autoridades locales identificaron esta oportunidad y dieron prioridad para mejorar la infraestructura. La nueva carretera desde y hacia la ciudad de México, el nuevo aeropuerto internacional (1952) así como la ampliación de la vía costera atrajo la atención e inversión de empresarios como el del visionario español Juan March quien puso la mira sobre el extremo oeste de la bahía, específicamente sobre 16 hectáreas de puras colinas con las mejores vistas de las bahías de Acapulco y la de Puerto Marqués.

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Un hotel único

El complejo hotelero originalmente contemplaba 24 cabañas de lujo, o mejor dicho casitas independientes, todas con piscina privada. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Jorge Madrigal Solchaga, quién se inspiró en la arquitectura californiana de la época, integrándola al paisaje de Acapulco.  Su trabajo fue minucioso y adecuó cada «casita» al terreno caprichoso para aprovechar las vistas al mar. El diseño del conjunto incluso incluyó al monumento histórico más importante del puerto, recreando en la construcción elementos característicos del fuerte de San Diego localizado justo en frente al otro extremo de la bahía.

El principal distintivo del hotel sin duda es su intenso color rosa o fuccia. Y es que llegados los años 50, el color ya era una referente de lo tropical y eso es lo que acá se siente. Sin embargo, este fue llevado al siguiente nivel interviniendo paredes, adornos, sombrillas, toallas incluso los jeeps encargados de transportar a los huéspedes por las instalaciones. El color rosa era omnipotente y principal insignia de Las Brisas.

En los años cincuenta las autoridades de turno, también promovieron que el puerto de Acapulco se convirtiera en sede Festival Mundial de los Festivales Cinematográficos, aquel en el que se proyectaba los largometrajes que habían sido premiados en los principales festivales de otros países. Entre 1958 y 1969, cada diciembre la crema y nata del mundo del cine se reunía en Acapulco: Roman Polanski, Jackie Kennedy, John Lennon, Yoko Ono y hasta la tripulación del Apolo 11. Todos elegían a Las Brisas, Las Brisas era Acapulco. Si claro, también los famosos clavadistas de La Quebrada, pero nada como despertar en un lugar mágico como este.

Un nuevo capitulo

La vertiginosa popularidad llevó a una inminente expansión que permitió a Las Brisas alcanzar las casi 300 casitas, pero en contraste con la década de los 70 en los que legendarias discotecas convirtieron a Acapulco en el mejor, más exclusivo y más divertido destino de playa del planeta y atrajeron a más famosos como Gloria Gaynor, Dustin Hoffman, Linda Carter, Rod Stewart y hasta a John Travolta. Los años 80 trajeron mucha inestabilidad al destino, las celebridades, miembros de la realeza y demás jet set dejaron de frecuentar el puerto.  

Fue en ese punto crítico que los propietarios evaluaron fraccionar las famosas casitas que componían el hotel para venderlas de forma independiente. Sin embargo, la implementación de un nuevo plan estratégico hizo que el hotel resurja como el ave fénix y volviese en los años 90 a la lista de los mejores hoteles de playa del mundo. Las casitas rosas y blancas, sus piscinas, sus flores y palmeras, así como sus calles zigzagueantes y jeeps rosas cobraban un nuevo brillo y escribían un nuevo capítulo que se ha mantenido hasta la fecha.

Hoy en día el icónico hotel sigue sumando seguidores y huéspedes aficionados a las atenciones vip. Entre sus más afamados huéspedes destacan miembros de la realeza, estrellas de cine, políticos y personalidades de talla internacional. Se dice que el mismísimo Ringo Star, si el ex-Beatle, quedó tan maravillado con la magia de Las Brisas que durante su estadía en 1976 le compuso una canción en homenaje a Acapulco y al lugar que le permitió disfrutarlo de la mejor forma:

Cross over the border,

We’ll take a sailing ship into the night.

A sea without horizons,

We’ll have each others love to hold us tight,

On a starless night.

Oh, las brisas…

Oh, las brisas,

Means the breeze will carry

us like two birds in flight,

On a starless night.

Oh, penumbra,

Means the sunset that I see within your smile,

Is the dawn of your eyes.

Yo te amo,

Means I love you like I’ve never loved before.

Las Brisas es sin duda el último bastión en pie de la época dorada de Acapulco, pero su éxito sigue y se debe gracias a esa suma de lujo y privacidad que ha sabido mantener. La sensación de ver el mundo desde acá es simplemente épica o como dirían algunos “De película”.

 5 experiencias infaltables en Las Brisas

  • Disfrutar de la comodidad y privacidad de una de las 47 suites con una de las mejores vistas de Acapulco, ya sea desde la comodidad de la cama o de la refrescante piscina privada con las que cuenta cada casita.
  • Deleitarse el paladar con la carta del restaurante Bella Vista que ofrece una fusión mexicana francesa. Es perfecto para la hora del desayuno y/o cena teniendo de fondo la imponente vista a la Bahía “Dorada”.
  • Pasar el día en el Club de Playa privado del hotel y darse un baño en la piscina de agua salada que se alimenta del mar y acompañado de una ronda de cocteles y platillos de mar salidos de la cocina del restaurante La Concha.
  • Sentarse en el famoso Sunset Bar a observar uno de los mejores atardeceres del planeta acompañado del emblemático “Brisas Breeze”, el coctel insignia de la casa hecho en base a piña, naranja, ron y whisky.
  • Engreírse con uno de los relajantes rituales y tratamientos de masajes del Spa. Mejor si se coordina para tenerlo en la comodidad y privacidad de las casitas.

BONUS:

  • Rentar un jeep rosado durante el día pare recorrer los alrededores del hotel. Muchos de ellos han sido llamados como algunas de las famosas celebridades que han paseado en ellos.

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