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Cali y el mundo mágico de su “salsa”

Por Carlos Rangel

Me gusta viajar y bailar, pero esto no fue siempre así. Lo de viajar lo fui aprendiendo conforme fui creciendo, como si fuera parte de mi rutina. Desde que nací mis padres me montaron en un avión y hasta que cumplí 15 años me la pasé entre dos países. Lo de bailar si fue un proceso más traumático por describirlo de alguna forma. Siempre pensé que para hacerlo había que tener un talento o don especial. Mis piernas largas y descoordinadas estaban lejos de dominar cualquier tipo de género musical, pero fue entrando a la adolescencia y por un instinto de sobrevivencia social que un amigo me enseñó el “abcd” del baile. Me mostró que usando una cruz imaginaria podría dar rienda suelta a ese ritmo reprimido que llevaba dentro. Y recuerdo esta cruz porque fue la que me imagine en mis clases de salsa “caleña” en esta visita a Cali, una de las 127 que hoy existen en la ciudad.

La Ruta de la Salsa

“Cali pachangero, Cali luz de un nuevo cielo” dice la popular canción del no menos famoso Grupo Niche. Su historia es en parte la historia de este género musical.  La Ruta Oficial de la Salsa empieza con su monumento en el corazón de la ciudad. El artista a cargo usó todos los recursos y sentidos para inmortalizar a este grupo que marcó un hito y está en la memoria colectiva, no sólo de la gente local, sino del mundo. Luego de un breve recorrido e interacción, seguimos por las calles del centro histórico: visitando espacios y lugares que custodian objetos y testimonios de los protagonistas, o de los herederos, de la “caleñidad”. Lo interesante de este ruta es que la historia de la salsa se sigue contando y esto hace que no se pueda limitar a algo o alguien. Podríamos decir que hubo una “era dorada” y fue apoteósica— pero el género está lejos de haberse quedado en el pasado. La salsa está más viva que nunca y se reinventa, se adapta. Continúa vigente, y en Cali, su gente es garantía de ello.

La historia “oficial” se remonta a mediados del siglo XX cuando los ritmos cubanos cruzaron el Caribe y llegaron a Cali. Desde entonces la salsa caleña fue arraigándose hasta convertirse en un sello o en una identidad. Se forjó una variante con detalles puntuales que fue definiéndose y popularizándose a través de sus agrupaciones, cantantes y bailarines. Fue en la década de los 50 que acuden a Cali una multiplicidad de géneros musicales, que para el momento sacudían la escena mundial. Estaban el Swing, Foxtrot, el Boggie Woogie y el inefable Rock`n`Roll; que tuvieron acogida en las clases sociales pudientes. Mientras tanto, en los sectores menos favorecidos, los ritmos de la rumba sacudían los corazones, que bailaban al son de la música venida de Puerto Rico, Cuba y de Nueva York.  Orquestas de Charanga y Son le daban momentos de alegría y ánimo a esta parte de la población que se concentraba a bailar y cantar.

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Para llegar a Cali solo se necesitan escaleras

Y como lo más importante es el presente, el legado de todos estos artistas ha sido un verdadero regalo y la generación en la que ha recaído esta herencia no solo involucra a los cantantes, músicos y bailarines. Hoy toda la sociedad caleña  tiene que ver con ella, incluyendo creativos y empresarios que han impulsado este activo cultural, que para mi es el principal atractivo de la ciudad, esa sabrosura y ritmo que hoy llamamos “Salsa caleña”. 

Vero es nuestra anfitriona para mostrarnos Cali. Nos organizó un programa super completo pero el combinar el citytour con experiencias gastronómicas, de baile y música simplemente fue espectacular. Todos los sentidos estimulados, los niveles de energía a tope y uno simplemente queriendo que un momento supere al otro. Como lo expresé en algún momento del viaje, me sentí en una película. Película que sin duda es inspirada en las vidas de seres que aportaron, sino que siguen aportando con sus historias de lucha y emprendimiento. Como la de Luís Eduardo Hernández, más conocido en el mundo artístico como “El Mulato”, que escogió el baile como su razón de ser y gracias a su capacidad de liderazgo y con la idea de ubicarse siempre en los primeros lugares, llegó rápidamente a proyectarse en el baile, como uno de los mejores bailarines de salsa en Colombia y el mundo.

Él es el creador y fundador de la Escuela de Baile Swing latino que nace en Cali con el objeto de mejorar la calidad de vida de los niños, niñas y jóvenes de las comunas. Precisamente allí en espacios con altos grados de condiciones de vulnerabilidad: violencia juvenil, desempleo, desplazamiento, embarazos a temprana edad y deserción escolar. Hoy su Cabaret es un espacio soñado para aquellos aficionados al rojo, a las plumas y lentejuelas, al drama e intensidad llevado al escena, donde uno puede ser parte, pues la línea que separa el escenario y la pista de baile es demasiado delgada. Si se quiere retroceder el tiempo y revivir esa era dorada, pues Mulato es el lugar. Aquí, la noche parece nunca acabar y menos las energías de nuestro anfitrión.

Delirio es el plato fuerte de la Salsa Caleña. Es la versión de fantasía extrema. Salsa, música y circo son las palabras clave de Andrea Buenaventura Borrero, directora de la fundación Delirio que lleva 12 años realizando espectáculos en los que la salsa caleña es la historia, la vida y el sentir. Con tres amigas, Ángela Gallo, Liliana Ocampo y Eleonora Barberena, se inventaron Delirio en el 2006.  Sus componentes son la velocidad, el color, brillo así como la sensualidad hecha show. En mis palabras es el “Disney” de la salsa, un show único y original con el baile como elemento principal, la música como elemento transversal, el circo como elemento diferenciador y el público como cuarto elemento protagonista. Actualmente y hasta diciembre que se retomen las funciones en la Gran Carpa, con capacidad hasta para 2 mil personas, Delirio cuenta con el Paseo de la Aurora que es un parque temático para reencontrarse con la familia y con los amigos en 7.000 metros cuadrados al aire libre. Ahí uno puede comer, tomase un trago, escuchar sus canciones preferidas, disfrutar de muestras artísticas y diversión envuelto es este mundo de ritmo y mucha sabrosura.

Debo reconocer que los comienzos de la famosa Feria de Cali me sorprendieron. Los comienzos  datan luego de un suceso trágico en la historia caleña. En 1956, siete camiones que contenían explosivos para el ejército, detonan en el sector aledaño al centro, causando la muerte de alrededor de 110 personas. Esta feria es el evento máximo de la ciudad y el símbolo más preciado de su identidad cultural. Cada año, entre el 25 y el 30 de diciembre, quienes habitan y son parte de la ciudad  reafirman su pasión por la Vida, la Salsa y la Alegría. Asi fue como surgió la “caleñidad” como símbolo de unión y de esperanza y ese fue lo que me lleve en el corazón.

Acertada decisión darle a esta ciudad ese shot de energía, sobre todo en un mes donde las emociones están más a flor de piel que nunca. Los años solo han confirmado que los caleños necesitan la salsa para pararse, para darle sentido a la vida. Porque la vida sin salsa es sosa, aburrida y sin sentido. Cali no es una ciudad fea y desordenada, Cali es una ciudad que hay que entenderla para amarla, para sentir el calor de su gente y para contagiarse de esa vibra que te hace bailar como en piloto automático.  Cali es salsa y sabor, Cali es donde se habla y se vive bailando. Cali, sin duda, ¡Pachanguera!

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