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San Pedro de Cajas: el último rumbo, el primer rumbo

Una semana antes de la declaración del estado de emergencia en el Perú, un equipo de Rumbos visitó el distrito de San Pedro de Cajas, una tierra de artesanos en la provincia de Tarma (región Junín), donde Jhon Rodríguez Rojas, un joven dinámico y emprendedor, inició hace tres años una interesante propuesta de turismo vivencial, que revalora la herencia textil de los hombres y mujeres de este colorido destino de altura. La historia que presentamos a continuación, serpentea entre los recuerdos de un viaje motivador y la aciaga incertidumbre generada por un virus apenas conocido.

Por Rolly Valdivia Chávez

Suele decirse que los primeros párrafos de una crónica periodística son los más complicados. La entrada -adoctrinan los maestros- debe enganchar al lector. En estos tiempos modernos, podría usarse la metáfora de que esas líneas iniciales son el anzuelo que lanzamos al mar de la Internet y, como es sabido, todo buen anzuelo debe de tener una carnada jugosa y atractiva. 

Foto: Rolly Valdivia

Eso es lo que intento siempre. En ocasiones tengo éxito, en otras tantas, fracaso; pero, más allá de los resultados, quienes buscamos escribir de una manera creativa, sabemos que empezar nunca es sencillo. A veces demora horas y, en los casos más graves, hasta días. Sea como fuere, estamos acostumbrados a lidiar con esos gajes, aunque ahora debo admitir que toda esa experiencia no me sirve de mucho.  

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Será porque está crónica debió escribirse en marzo. Será porque en estos meses han pasado tantas cosas, imposibles de imaginar durante ese viaje que fue el último viaje. De haberlo sabido por algún palpito o presagio inexplicable, confieso que habría mirado todo con ojos de despedida, que habría apuntado hasta el dato más insignificante en mi libreta y que, a la hora del adiós, habría sido más efusivo con las personas que conocí y con mis compañeros de aventura. 

No es que haya olvidado la emoción, la algarabía, los aprendizajes y las vivencias de una ruta que conmueve y entusiasma. Perdónenme, pero eso es lo que siento cada vez que veo trabajar a un artesano que sigue los cánones de la tradición y se aferra al legado de sus padres y abuelos. Al conversar con ellos y conocer sus historias, interpreto y entiendo su labor como un mensaje de resistencia frente a la cultura globalizada. 

Foto: Rolly Valdivia

Eso sí, jamás les he preguntado si tienen tantos problemas para empezar con sus obras, como los tengo yo cada vez que desafío a la pantalla en blanco, sobre todo en este caso en el que los hechos por relatar acontecieron en una realidad que ya no existe. Ese cambio profundo en nuestra normalidad, sumado al silencio periodístico-viajero en el que me refugié en estos meses de travesías canceladas y caminos cerrados, son las causantes de este texto extraño que aún no encuentra su rumbo.

Emprendimiento vivencial

Será que hoy no me siento capaz de redactar una entrada jaladora ni de centrarme únicamente en aquella madrugada que partimos de la casa hacienda La Florida -antigua, apacible, sosegada-, ni en esa mañana en la que espantamos el friecito tarmeño con los cafés selectos y los desayunos motivadores de la Tostaduría Coffee and Friends, tampoco logro quedarme en el mediodía en el que una tropilla de vicuñas -elegantes, refinadas, peruanísimas- nos dieron la bienvenida a San Pedro de Cajas, un inspirado e inspirador pueblo de tejedores. 

Discúlpenme, les juro que solo quisiera redactar lo ocurrido en esa jornada entre los telares mágicos del Taller Textil Rodríguez -donde se exhiben y venden los trabajos de más de 30 familias artesanas del distrito-, para luego describirles la contundente pachamanca del almuerzo y el bailecito a ritmo de huayno para aligerar la digestión. 

Finalmente, los llevaría con mis frases y oraciones a admirar el vibrante atardecer en la laguna artificial de Chaquicocha o Gallinería.  Pero si solo me centrara en eso estaría traicionando mis recuerdos. Ese viaje -mi último viaje- coincidiría con el anuncio del primer caso de coronavirus en Perú.

La noticia causó conmoción. La escuché en Tarma, la ciudad de la flores y se comentó en San Pedro. “El virus no aguantará los 4000 m.s.n.m.”, “segurito que le da soroche”, bromeaba con el músico y la cantante que animaron la tarde. Me equivoqué, nos equivocamos. La enfermedad se expandió por todo el país. Pandemia. Dolor. Sueños frustrados. Encierro. Tensión. Crisis económica. Ingenio para reinventarse.

En la agonía de la vieja normalidad y el incierto advenimiento de una nueva realidad de mascarillas y protocolos, los creadores de este distrito tarmeño siguieron trabajando, plasmando en sus telares diseños basados en la coyuntura sanitaria. Y es que su arte no es ajeno a lo cotidiano. Y es que sus obras son, de alguna y muchas maneras, un testimonio histórico. Por eso son importantes y atemporales.

Ese proceso de cambio y adaptación en las semanas de asilamiento, en los meses sin viajeros, me lo contaría en una entrevista virtual Jhon Rodríguez Rojas, quien hace tres años creó e impulsó una experiencia asociativa que relaciona la esencia del turismo vivencial con el arte ancestral de San Pedro de Cajas, una tierra de artesanos, una tierra de tejedores. En 2019 su propuesta participó exitosamente en el Concurso Nacional de Innovación en la Artesanía en la categoría Negocio Innovador.

Tejedores en la red

Foto: Rolly Valdivia

Ventas por la Internet, comercio electrónico, presencia en redes sociales como Facebook y Tik Tok, son algunas de las estrategias diseñadas con el propósito de que los telares siguieran trabajando, urdiendo el algodón, la lana de alpaca y oveja, para crear diversidad de productos con imágenes de personajes históricos y religiosos, con representaciones animales y paisajes, además de escenas costumbristas que impresionan por su realismo y perfección. Estos y otros detalles justifican la denominación de origen de los tejidos de San Pedro de Cajas. 

Jhon -activo, alegre, entusiasta, comprometido con su herencia textil- fue nuestro anfitrión en el taller de su familia. Con su guía, intentamos aprender como funciona el telar y acariciar las fibras utilizadas en sus obras, también Cachipozo, un misterioso vestigio prehispánico con dos pozas que contienen agua salada (cachi es sal en quechua).

Una poza es la hembra y la otra el macho, y, como son pareja, aquí vienen los enamorados ansiosos de que su sentimiento sea eterno. El proceso para asegurar esa relación que ni la muerte podrá quebrar, es bastante sencillo. 

El varón, tiene que beber el agua de la poza hembra (es menos salada), mientras la dama hace lo opuesto. Después del mal trago -es pertinente decir que el agua salada no es una maravilla del buen sabor- las parejas rezan, pidiendo una ayudita extra al Todopoderoso.

Buenos recuerdos. Gratas vivencias que estuvieron ocultas en mi libreta de notas por culpa de la pandemia. Prometí mantenerlas ahí mientras los caminos estuvieran cerrados. Eso ya pasó. El turismo se reactiva y, San Pedro de Cajas, con sus artesanos, sus pozas saladas, sus vicuñas que corretean al lado de la carretera, es una excelente opción para los que quieran retomar ya, ahora, los buenos rumbos.  

Soy uno de ellos. Quiero volver al taller de los Rodríguez para redactar una entrada que no haga renegar a los maestros del periodismo y escribir una crónica que esté vacunada contra cualquier virus. Una crónica como las de antes, como las de siempre. 

En Rumbo

Cómo llegar:  De Lima a Tarma viaje con Móvil Tours: www.movilbus.pe. T. (01)7168000. Correo. info@movilgroup.pe

San Pedro de Cajas se encuentra a 40 kilómetros de Tarma, la capital de la provincia del mismo nombre. Hay servicio público todos los días. Rumbos recomienda los servicios de la agencia Max Aventura (traslados y tours): 

Web. www.maxaventuraperu.com T. 994 973 286 (normalmente responde en un día). Correo: consultas@maxaventuraperu.com

Dónde dormir: Cerca de la ciudad, pero más cerca del silencio, la paz y el aire puro, el hospedaje hacienda La Florida, en el distrito de Acobamba, es un remanso de tranquilidad en las afueras de Tarma. Sus ambientes, fueron el escenario del famoso cuento Silvio en El Rosedal de Julio Ramón Ribeyro. Hospedaje Hacienda la Florida: (064) 341041 / haciendalaflorida@gmail.com

Buen sabor:  En la Tostaduría Coffee and Friends del corazón urbano de Tarma. Cafés excelentes y desayunos monumentales, justifican la parada antes de enrumbar hacia San Pedro de Cajas. Web: www.tostaduriacoffeeandfriends.com/ T. (064) 408731 / 986894341. Correo: cafeteriacoffeeandfriends@gmail.com. A tener en cuenta: realizan servicio a domicilio.

Arte textil: El Taller Textil Rodríguez es el centro y el corazón de esta experiencia. Además de los tejidos y la oportunidad de conocer el trabajo de los artesanos, el visitante podrá adquirir cerámicas, pinturas y productos alimenticios elaborados con insumos andinos. También hay un galpón con cuyes.  

Se encuentra en Alfonso Ugarte 1052, barrio Primero San Pedro de Cajas. T. 945 213 744. Correo: rodriguezjhe@gmail.com. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/Turismo-Vivencial-San-Pedro-de-Cajas-Tarma-Regi%C3%B3n-Jun%C3%ADn-PER%C3%9A-430852757249522

Altitud: 4000 m.s.n.m.

Roles: En San Pedro de Cajas los hombres tejen y las mujeres hilan y tiñen la lana.

Significado: El nombre Cajas deviene del vocablo gagash que significa peñas.

Profundidad: La poza macho de Cachipozo tiene 3 metros de profundidad, mientras que la hembra 2.80. Este atractivo se encuentra a la entrada del pueblo (viniendo desde Tarma).

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