Cultura

La Plaza San Martín: pasos de historia por el Centro Historico de Lima

Un día como hoy se inauguraba esta estructura para recordarnos el surgimiento del Perú republicano. A casi dos siglos de la independencia del Perú, ¿qué representa este lugar para nosotros?

La Plaza San Martín, en el corazón del centro de Lima, es el reflejo del mundo. Desde una simple mirada emerge un complot de razas: cholos, gringos, negros, mestizos, amarillos y trigueños rodean el monumento del ‘Protector del Perú ’, como si fuesen acólitos sonámbulos o iluminados turistas.

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El clima limeño de invierno —opaco, camaleónico y con el cielo de ceniza—  genera que más de una persona camine sin alegría aparente. Sin embargo, los primeros rayos de iluminación no vienen del sol, sino de los magnos edificios arquitectónicos que rodean la Plaza San Martín, custodiadas por banderas blanquirrojas que flamean.

Entre las estructuras más antiguas que están alrededor de la Plaza, está el Teatro Colón, que se construyó allá por el año 1914 bajo la batuta de un arquitecto francés. En ese entonces, este “reducido, pero elegante local que adornaba la capital” — como señalarían los diarios de ese entonces—, era frecuentado por la aristocracia limeña, hasta que a finales de los setenta entraría en deceso y terminaría como cine para adultos, llevándolo a su cierre en el 2005.

Otro edificio que engalana la Plaza San Martín es el coloso arquitectónico conocido como edificio Giacoletti, al lado de la avenida Nicolás de Piérola; el Gran Hotel Bolívar y sus históricos huéspedes; y al Club Nacional, ubicado en la cuadra 10 del Jirón de la Unión, fundado por las familias limeñas más posicionadas.

El Gran Hotel Bolívar. Foto: Wikipeda

Pero todo ese pasado es hoy una epifanía que podemos imaginar mientras apreciamos sus empolvadas columnas y sus colores que nos transportan a una escena del cine mudo. El foráneo que pasa por acá parece hipnotizado por las estructuras, pero tanto peruanos como algunos turistas ignoran lo que verdaderamente representa la figura de San Martín, que representa al general cruzando los frondosos andes a caballo. No se muestra con actitud bélica, parece reflexivo y no pierde una pizca de honor y elegancia.

Los años han pasado y la estatua se mantiene con el mismo semblante, pero ahora es un eterno centinela de todas las manifestaciones que nacen y mueren en la Plaza: La Marcha de los Cuatro Suyos (para derrocar el Gobierno fujimorista en el 2000), KeikoNoVa (contra la hija del expresidente, ahora preso, Fujimori), LeyPulpin (contra el flagelo que restaba derechos a los jóvenes trabajadores), Marcha LGTBI (por los derechos de los homosexuales, transexuales y bisexuales), contra el indulto a Alberto Fujimori, entre otras que seguirán apareciendo o reapareciendo.

La estatua de San Martín siempre mira atento, cauteloso, como las palomas en los cables de luz. Dos tipos discuten, otros se amenazan. Un niño juega en el pasto mientras su madre está en el celular. Un abogado o contador, tal vez maestro o perdedor, apresura el paso mientras su maleta le golpea la entrepierna. Dos adolescentes se besan. Dos tipos discuten en medio de un grupo de personas: corrida de toros, pelea de gallos, homosexualidad, modelo económico, filosofía, religión, política: fujimorismo contra el mundo, el mundo a favor del fujimorismo. El fujimorismo promete lo que ni el mundo puede.

El monumento al general San Martín mira todo esto, pero sus ojos se dirigen a la avenida Colmena. Un día cualquiera, en la mañana o tarde, hay músicos comprando sus instrumentos: algunos de marca; otros, bamba. Armónicas a cinco soles y guitarras eléctricas a 300.

Lugar de cosas inadvertidas

Pero eso es ahora. Antes, durante la inauguración de la Plaza San Martín el 27 de julio de 1921, el expresidente Augusto B. Leguía pasó un embarazoso momento al trabarse la cuerda que revelaba la lona que cubría el monumento de Don José de San Martín. Ante esto, un joven trepó la estructura para desatarlo y terminó atrapado en la cima.

Calle 13 dio un polémico concierto gratuito sin permiso de la Municipalidad de Lima en el 2014. El Teatro Colón, ad portas del jirón Quilca y al frente de la Plaza, pasó de ser un símbolo de arquitectura francesa y nicho cultural, a cine porno.

La Plaza San Martín es para el Centro Histórico de Lima una pieza vital que no solo lo embellece: le da personalidad e historia. La redes sociales del Ministerio de Educación lo confundieron con Simón Bolívar, pero eso no le resta: lo acoraza. Muestra simbólica de cultura nacional y reflejo de nuestra memoria.

 

Acerca del autor

Marquiño Neyra

Periodista, chiflero y grunger.

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