En un país donde las montañas no solo son geografía, sino espíritu y memoria, el Día Internacional de las Montañas 2025 llega con un llamado profundo: proteger a los Apus antes de que su manto blanco desaparezca. El Perú vive en primera línea los efectos del deshielo y la crisis hídrica. Entender lo que ocurre no es solo un acto ambiental: es un acto de identidad.

Las montañas y su importancia global: una efeméride que va más allá del paisaje

El Día Internacional de las Montañas, creado por la ONU en 2003, busca generar conciencia sobre la relevancia ecológica, económica y cultural de estos ecosistemas.
En 2025, el lema mundial —“Los glaciares: torres de agua para la vida”— concentra la atención en una verdad incómoda: los glaciares se están derritiendo más rápido de lo previsto, comprometiendo el agua dulce, la seguridad alimentaria y la energía para millones de personas.

Por qué el Día Internacional de las Montañas es crucial para el Perú

En nuestro país, esta fecha tiene una gravedad particular.
El Perú alberga el 68% de los glaciares tropicales del planeta, un privilegio que hoy se transforma en vulnerabilidad. En las últimas décadas, hemos perdido más del 50% de nuestra superficie glaciar.
Celebrar este día no es conmemoración: es advertencia.
La desaparición de los nevados significa menos agua para la costa, menos riego para los Andes y más riesgo para las ciudades que dependen de las cuencas altas.
Los Apus: el sentido espiritual y cultural de las montañas peruanas

En el Perú, una montaña no es solo roca ni hielo: es Apu, protector y ancestro.
Desde la cosmovisión andina, los Apus conectan el Hanan Pacha (mundo de arriba) con el Kay Pacha (mundo terrenal).
Su nieve es símbolo de fertilidad y equilibrio. Cuando el “poncho blanco” desaparece, las comunidades interpretan que el Apu está enfermo o dolido. Y con razón: el retroceso glaciar anticipa tiempos de escasez y desequilibrio ambiental.
Montañas que nos sostienen: agua, clima y protección

Los Andes funcionan como sistemas de regulación climática y fuentes naturales de agua dulce.
Glaciares como el Huascarán, el Coropuna o el Ausangate actúan como “torres de agua”: almacenan nieve en temporada húmeda y liberan caudal en época seca, alimentando ríos que abastecen a ciudades como Lima, Arequipa, Trujillo o Cusco.
Sin montañas sanas, el ciclo se rompe.
A ello se suma su rol como barreras naturales contra deslizamientos y huaycos, especialmente cuando sus bosques de queuña y otras especies nativas se mantienen intactos.
Perú 2025: el deshielo convertido en realidad dolorosa

La crisis climática ya tiene nombres propios en el territorio peruano:
• Pastoruri, el glaciar que se apaga
Antes un nevado icónico, hoy es un símbolo de retroceso acelerado. Se ha fracturado, reducido y está a un paso de desaparecer.
• Quilcayhuanca y la amenaza de nuevos aluviones
El deshielo rápido está creando lagunas inestables que representan peligro para Huaraz y otras ciudades.

• Minería ilegal en alta montaña
En Puno y Madre de Dios, la contaminación por mercurio y la deforestación están destruyendo cabeceras de cuenca vitales para el equilibrio hídrico del país.
Estas historias no son advertencias futuras. Son daños actuales.
Acciones para proteger nuestras montañas: del individuo a la comunidad
Cuidar a las montañas implica decisiones colectivas e individuales:

Turismo responsable: respetar senderos, no dejar residuos y evitar prácticas que erosionen el paisaje.
Consumo consciente: elegir productos andinos que sostienen a las comunidades guardianas del agua y la agrobiodiversidad.
Acción climática: reducir emisiones, optar por movilidad sostenible y apoyar iniciativas verdes.
Restauración ecológica: participar en campañas de siembra de queuñas y otras especies nativas esenciales para capturar agua.
Charlas educativas sobre el ciclo del agua andino.Reforestaciones con especies altoandinas.
Rituales de agradecimiento y “Pago a la Tierra” en comunidades campesinas.
Difusión de información científica y cultural para concientizar.
Celebrar es recordar que dependemos de lo que ocurre en las alturas.
Salvar al Apu es salvarnos a nosotros mismos
En 2025, mirar una montaña peruana es mirar nuestra propia vulnerabilidad.
La desaparición de los glaciares no solo altera ríos y climas: erosiona una parte profunda de nuestra identidad andina.
Cuidar a los Apus es cuidar nuestra memoria, nuestra agua y nuestro futuro.
Si la nieve se extingue, también se evapora una parte del alma del Perú.











