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Pisco: los humedales olvidados

La indiferencia es la mejor aliada de la destrucción de los espacios naturales. Si la ciudadanía no abre los ojos ni se preocupa por su entorno y, lo que es peor, contribuye consciente o inconscientemente en la depredación de los territorios y su biodiversidad, lugares de gran importancia, como los humedales de Pisco, se perderán para siempre. En la siguiente crónica presentamos entre la anécdota y la reflexión, esta zona de vida amenazada por el desmonte, la basura y el crecimiento urbano.

Por Rolly Valdivia

Y esta historia se inicia con un buen chilcano. Uno, solo uno. Un chilcano sin pizca de pisco que se pide y se come en Pisco. Y es que el chilcano con el que se abre esta historia, no embriaga ni refresca, más bien calienta y fortalece. Es un poderoso y efectivo concentrado de pescado; pescadito extraído de ese mar que está detrás, pescadito rico que se compra al ladito nomás, en un desembarcadero artesanal.

Foto: Rolly Valdivia

San Andrés es su nombre, y, más allá de su denominación, es un muelle picante y sabroso, más picante y menos sabroso, eso sí, que el humeante chilcano que sirve Willy en ese restaurante sin maquillaje gourmet, pero tal vez con pretensiones de huarique que está delante del mar, al lado del desembarcadero y al frente de una juguería, cafetería, sanguchería donde vuelan los panes con pejerrey frito y sarsa criolla.

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Pero esta historia no empieza con los sanguchitos que se preparan al otro lado de la vía que une Pisco con Paracas. Otras sí. Otras que hablan de pescadores jubilados que antes de comprar los panes del desayuno, se dan una vueltita por el muelle para echarle un vistazo al Pacífico, de mujeres aguerridas que se ganan la vida sacando espinas, de hombres extenuados que predican que el mar seduce, que el mar jala.

Vida dura e incierta, también peligrosa. Lo saben. Lo sabían desde la primera vez que se embarcaron. Igual lo hicieron. Acaso siguiendo los pasos de sus padres y abuelos; quizás porque el mar estaba allí, detrás del restaurante de Willy, quien ya recoge los platos vacíos. Se acabó ese chilcano sin pizca de pisco que les dio la bienvenida a Pisco, a aquellos viajeros que ya no están, que ya partieron hacia un sistema de humedales.

Foto: Rolly Valdivia

Es allí o allá donde continuará esta historia. Una historia que se aleja de los chilcanos poderosos y los muelles picantes, para acercarse al malecón Miranda y a Pisco Playa. Y es en ese allí o allá que está a minutos de la ciudad y de San Andrés y hasta de Paracas, donde Pablo Merino, biólogo y observador de aves, desenfundará su telescopio y sus binoculares, olvidándose así y por un buen rato de las propuestas gastronómicas.

Y es que fue él quien recomendó detenerse en donde Willy, como días antes, en Lima, propuso visitar los humedales de Pisco. “Loco, hay muchas aves y la zona está desprotegida. Tenemos que hacer algo”, sugirió convencido y entusiasta al enterarse que un equipo periodístico de Rumbos, partiría hacia el oasis de Huacachina, las líneas de Nasca y el mar de Marcona, con sus miradores, sus playas y sus cóndores.

Foto: Promperu

Es difícil decirle no a Pablito o Pablucha. Insistente y persuasivo, sus antecedentes lo avalan. No exagera ni miente cuando sugiere un destino o un restaurante de mala apariencia, pero de buena sazón, como se acaba de comprobar en esa necesaria ‘parada técnica’ que permitiría llegar con las energías renovadas y el ánimo al tope a un escenario de vida que es el hábitat y el refugio de garzas, zambullidores, yanavicos, cigüeñelas, pollas de agua, águilas pescadoras y hasta halcones reales.

Solo algunos nombres de los varios que se escuchan durante la visita a un área costera en la que las filtraciones del río Pisco han creado lagunas de poca profundidad en las arenosas orillas del Pacífico. Tapizados y rodeados de verdor, son parte de un sistema de humedales que se prolonga hasta la Reserva Nacional de Paracas, además de ser el hogar transitorio de aves migratorias de los extremos norte y sur de América.

Foto: Rolly Valdivia

Mirar y aprender: ese es un ostrero, el de allá una gaviota dominicana, al fondo están los flamencos, las famosas parihuanas del sueño de San Martín, y, en el muelle roto y abandonado, se ven pelícanos y cormoranes. Mirar y apenarse: contaminación, montículos de basura y desmonte, la ciudad y su avanzada de casas que amenazan con desaparecer a los espejos de agua, quebrando un ecosistema, dañando al planeta.

Imágenes contradictorias. Al frente, las aves alimentándose, volando, reproduciéndose. Detrás de ellas, unas cuantas sombrillas y el espléndido horizonte marino. A espaldas de los visitantes, la ¿civilización? de la inconsciencia y del usar y botar, la ¿civilización? que todo lo destruye, que todo lo ambiciona, que todo quiere convertirlo en ladrillo y cemento, sin darse cuenta que al hacerlo se encamina hacia su propia destrucción.

Foto: Rolly Valdivia

Tenías razón, Pablo, tenemos que hacer algo por los humedales de Pisco Playa, los de Agua Santa, los de Caucato y San Andrés, también por el estuario del río Pisco. Qué te parece si este es un inicio, el primer paso de una cruzada que busque la protección de un área que provee de agua dulce, reduce el efecto invernadero, provee de alimento a diversidad de especies y nos permite acercarnos a la naturaleza para comprenderla y admirarla.

Es hora de marcharse. Esta historia no termina como comenzó. No hay chilcanos reponedores, tampoco una pizca de pisco. Seguimos en la ruta. Ica y la Huacachina nos esperan. Hacia allá partiremos pensando en esos humedales que no serán tragados por la ciudad. Es un deseo que ojalá se convierta en realidad, entonces, podremos decir con ilusión y esperanza, que el Perú se encamina por buenos Rumbos.

Foto: Rolly Valdivia

En Rumbo

Definición: Según la Convención sobre Conservación de Humedales y Aves Acuáticas firmada en 1971 en Ramsar, Irán, se define que un humedal es “una zona de la superficie terrestre que está temporal o permanentemente inundada, regulada por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habita”.

Ubicación: El sistema de humedales se extiende al norte y sur del estuario del río Pisco, a aproximadamente 200 kilómetros de Lima. Con una extensión aproximada de 2 kilómetros cuadrados, está formado por los humedales de Agua Santa, Caucato, Pisco Playa y San Andrés.

Espacio vital: Los humedales son importantes porque controlan las inundaciones, retienen en anhidrido carbónico que produce el efecto invernadero, proporcionan sombra y refugio, controlan la temperatura, son hábitat de peces y su vegetación sirve de área de anidación para las aves, estabilizan la orilla consolidando el suelo, entre otros importantes servicios ecosistémicos.

Flora: los totorales, juncales y gramadales predominan en los humedales de Pisco.

Fauna: aproximadamente 74 especies de aves migratorias, residentes y marinas, 30 especies de invertebrados, y peces como la tilapia y los gupys.

Fuente: Humedales de Pisco, Gerson Cabello Rodríguez; Guía de los Humedales de Pisco Playa de Acorema y la Fundación Avina; Blog del Instituto de Promoción y Ecodesarrollo Semilla Verde.

Rumbos agradece a Marcobre y la Municipalidad Distrital de Marcona por el apoyo para realizar esta ruta.

 

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