Toda persona que quiere hacer alguna actividad cultural sabe lo importante que es conseguir auspicios. Significa que tu idea se hará realidad, no se quedará como una propuesta más. Que un auspiciador te dé el ansiado SI, es la máxima felicidad. Desde hace un tiempo sé de proyectos de los que el Patronato Pikimachay es parte con financiamiento. A continuación, tres historias de éxito y una entrevista con el hombre detrás de ellas.
ESCRIBE: CATERINA VELLA
FOTOS: AÍSSA PUELLES VELLA, DIEGO DEL RÍO, ARCHIVO EDITORIAL RAYO VERDE
SOMBREADO ASCENSO A LA CUEVA DE PIKIMACHAY
Las buenas nuevas sobre propuestas hechas realidad gracias al Patronato Pikimachay me llegan de diversas formas. Incluso pueden ser un dato en un chat sobre un lugar al que ir en Ayacucho. Como el que me escribió Pari Alarcón, ayacuchana amiga de la universidad católica de mi hija Galia. A la pregunta de un sitio imprescindible donde ir: “Vayan a la cueva de Pikimachay”, fue su primera respuesta. Así que hacia allí partimos mi hija Aíssa y yo, en nuestros roles de fotógrafa y cronista de Rumbos, una mañana de mayo, bajo el sol andino.

A pesar de la empinada cuesta hasta la cueva que asciende 400 metros -Huamanga está a 2761 metros- logramos llegar respirando tranquilas al oscuro y húmedo boquerón en que habitaron los primeros humanos de la región. No es que seamos mujeres super poderosas acostumbradas a caminar en la altura. El secreto de nuestro ascenso fueron las bien diseñadas escalinatas y providenciales tambos para descansar a la sombra en el camino, durante el cual nos sorprendimos con realistas esculturas de un Mastodonte, un Perezoso gigante y un temible Tigre dientes de sable.
¿Quién está detrás de la puesta en valor de la cueva con los accesos, esculturas y centro de interpretación? El Patronato Pikimachay, es la respuesta.
HISTÓRICA RUTA EN BICICLETA
Unos años antes de ir a la cueva, ya había escuchado la singular palabra Pikimachay. Fue por una desafiante expedición: La Ruta del BICIntenario. En ella cuatro deportistas peruanos unieron en diciembre del 2021 los campos de batalla de la independencia… en bicicleta.

Royner Navarro, ayacuchano, Romina Medrano de Huancayo y los limeños Caroline Lindsay y Erik Baumann recorrieron en total 752 kilómetros pedaleando a todo pulmón desde Huaura, en la costa, hasta La Pampa de la Quinua en Ayacucho, pasando por la temida cordillera La Viuda.

Los acompañó un equipo de filmación, historiadores y el neumólogo Roberto Accinelli para medir sus niveles de oxígeno durante la exigente prueba, que, en ascensos, equivalió subir a un monte Everest y medio. La Ruta del BICIntenario fue una idea original del periodista Marco Zileri; creativa forma de replicar el pasado en tiempo presente, para entender la magnitud del sacrificio que significó la gesta emancipadora del Perú.
Doscientos años después los ciclistas hacen visible en cada pedaleada, cada respiración entrecortada e incluso llanto descontrolado, el esfuerzo de quienes los precedieron, a caballo, lomo de mula o caminando, en un territorio tan descomunal e implacable como Los Andes, para sellar nuestra independencia de España en 1824, con la Batalla de Ayacucho.

La historiadora Natalia Sobrevilla, que fue parte de la comitiva, presentó en el reciente 30 Festival Internacional de Cine de Lima PUCP “A paso de vencedores. La ruta del BICIntenario”, conmovedor documental dirigido por ella, que deja a los espectadores sin aliento, aunque no se muevan de sus butacas.
PROVOCATIVO LIBRO PANADERO
A inicios del 2026 llegó a mi nuevamente el término Pikimachay. Esta vez lo leí en el espléndido libro “Panes de Ayacucho: ensayos y testimonios de una tradición bicentenaria” de Juan Andrés Ugaz Cruz, científico social y maestro panadero de Kalatanta. Recorriendo sus páginas, diagramadas inspiradas en los colores y diseños del arte ayacuchano, el lector se deleita con emotivos testimonios de mujeres panaderas de Ayacucho, llegando incluso a sentir el aroma del pan recién salido del horno.

Doradas chaplas, sabrosos qasy, sinuosas wawas y otros panes tradicionales, parecen querer escapar de las páginas para que les demos un mordisco, gracias a las vibrantes fotos de Cecilia Durand, Marcela Delgado y Ayni Producciones. El libro Panes de Ayacucho es tan bueno que ganó el premio Mejor Libro de Pan del Mundo en los Gourmand World Cookbook Awards 2025, equivalente del Oscar en el mundo editorial gastronómico.


BREVE HISTORIA DEL EXTRAORDINARIO GRUPO AJE
¿Qué tienen en común el camino de subida a una cueva prehistórica, una hazaña ciclística y un premiado libro sobre el pan de Ayacucho? Los tres pudieron hacerse realidad porque contaron con el apoyo del Patronato Pikimachay y su Marca Ayacucho, presididos por Carlos Añaños, con todo el vigor, pasión e ímpetu del hombre andino que quiere aportar a su tierra.
Tras varios cambios en su movida agenda, vive entre España y el Perú, Chiara, su sonriente asistenta del “Equipo Carlos”, logró hacer malabares para concretar una reunión en el Hotel Casa Andina. A través de los ventanales del segundo piso donde conversaremos, se luce iluminada la imponente Catedral de Ayacucho. Mientras esperamos que llegue, demos un rápido repaso a la singular historia de Carlos Añaños Jerí y su familia.

“Carlitos”, como le dicen sus paisanos, nació en San Miguel, Ayacucho en 1966. Creció en la Hacienda Patibamba con sus padres Eduardo Añaños, Mirtha Jerí y cinco hermanos. Graduado del colegio partió a Lima a estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad Ricardo Palma. Hasta acá nada fuera de lo común en la vida de un muchacho provinciano.

Todo cambiaría con la violencia terrorista de los años ochenta. Ayacucho fue la provincia donde surgió Sendero Luminoso y también la más golpeada. Atacaban a las empresas privadas y grandes marcas “capitalistas”, obligando a que se fueran. En la crisis su familia vio una oportunidad: el año 1988 empezaron a preparar en su cocina una bebida artesanal con sabor a naranja.


En medio de atentados, voladuras de torres y cortes de energía, la embotellaban y repartían en triciclos y camionetas. Se movían sigilosos de noche y por trochas para evitar emboscadas rumbo a Huancayo, Huancavelica y Apurímac, donde las vendían. Al principio fue muy difícil, todos los hermanos debían apoyar al nuevo negocio. Carlos trabajó como chofer, cargador e incluso pegando etiquetas en las botellas de Kola Real, “la bebida del precio justo”, creada por ellos.
Tras diez años de esforzado trabajo, en 1997 la gaseosa ayacuchana llegó a Lima con inusitado éxito, entrando a competir con las grandes marcas Coca Cola, Inca Kola y Pepsi. Las ventas crecían como la espuma, los Añaños Jerí, fundadores del Grupo AJE (Añaños Jerí Empresa) decidieron globalizarse. Lanzaron al mundo Big Cola, el primer destino fue Venezuela.
Hoy AJE Group es una de las multinacionales peruanas más grandes, sus bebidas Big Cola, Sporade, Cifrut, Pulp, Cool, Heaven y Agua Cielo pueden comprarse en más de veinte países de Latinoamérica, Asía y África. Están en las góndolas de lugares tan lejanos como Bután y Madagascar.
NUEVA IDEA: NACE EL PATRONATO PIKIMACHAY
A los 50 años, tras entregarle casi 30 años todo su talento y energía al grupo familiar, Carlos Añaños dejó el trabajo corporativo en AJE para dedicarse a Ayacucho y su gente, fundando para ello el 2017, el Patronato Pikimachay.


De pronto se abre la puerta y Carlos Añaños entra sonriente, disculpándose educadamente por la tardanza. Solo llegar al lugar donde conversaremos le debe haber tomado tiempo, mucha gente esperaba interceptarlo en los diferentes ambientes del hotel.
CONVERSACIÓN FRENTE A LA CATEDRAL
Comenzamos contándole nuestra caminata a la cueva de Pikimachay y de los demás proyectos que conocemos apoyados por el patronato que preside. Sobre la cantidad de jóvenes que hemos visto practicando bailes en las plazas, la diversidad y color de las piezas de arte, la variedad de panes, la dulzura en el trato de la gente.
¿En qué está ahora el Patronato?
El Patronato está en todo. Nuestro objetivo es poner en valor a Ayacucho. Es una frase muy cortita, pero profunda y difícil. A veces tenemos que meternos en cosas que no sabemos. Lo hacemos por amor, por las ganas de ayudar. Hay tanto por hacer que dices por dónde empiezo. Hemos trabajado mucho con artesanos. Mi sueño es convertir la artesanía en arte.
Hemos visto a muchos jóvenes y al conversar con ellos nos dijeron que se sienten tranquilos, no buscan migrar como en la época de terrorismo.
¿Lima se ha vuelto un lugar violento, mientras Ayacucho ha recuperado la paz?
Creo que Ayacucho es una ciudad resiliente después de lo que vivimos en la época del terrorismo. No se habla mucho de ello, porque no debemos vivir de dolores, pero sufrimos mucho. De acuerdo con la Comisión de la Verdad, me ciño a los datos oficiales, hubo más de 70,000 muertos. Mi teoría es que cerca de 65,000 fueron de Ayacucho. No se habla de los 200,000 afectados: mancos, ciegos, paralíticos, padres que perdieron a sus hijos. No solo hubo muertos, sino que destruyeron nuestro pequeño y frágil tejido comercial, industrial y a nuestra sociedad.
¿Sientes que a través del Patronato Pikimachay y su sello Marca Ayacucho estás aportando al cambio?
Esos momentos duros nos han hecho reforzar nuestra fuerza interna, empezar a recuperar nuestra cultura, nuestra historia, nuestra música, nuestra comida, nuestro arte, danza y artesanía. Unos de los grandes temas que trabajamos con el Patronato Pikimachay, cuando lanzamos la Marca Ayacucho con Armando Andrade de Pragma, fue recuperar el orgullo del soy Ayacuchano.
Hubo un tiempo en que mis amigos y, yo mismo, negábamos ser ayacuchanos porque era equivalente de terruco. Ayacucho estaba estereotipado de una forma negativa, por eso con el Patronato lo primero en que trabajamos fue en recuperar el orgullo, es mi gran sueño.
Hubo rumores que querías postular a la presidencia del Perú este 2026 con el partido Perú Moderno. Renunciaste, ¿qué te desanimó?
El rumor que sí valido es que me da tristeza ver al Perú en el estado que está. Recorro el Perú, veo lo que pasa: niños con anemia, carreteras destruidas, falta de servicios médicos, de trabajo digno … Quiero que el Perú esté bien. Dicen que hacer política es servir desde la incondicionalidad; es lo que estoy haciendo.
Hoy hay una percepción diferente, en muchos casos, en muchos partidos, se ha convertido en un modo de vida, en un buen negocio. Hacer política es trabajar por tu poli, por tu gente. Mirar a los ojos al artesano, al campesino y preguntar: ¿qué necesitas para salir adelante? Respecto al puesto de presidente no lo sé, Dios deparará en el futuro.
¿Tienes esperanza de que las cosas mejoren?
Soy optimista porque salí de las cenizas de la guerra en Ayacucho. El patronato es una ventana que me ha dado la oportunidad de llegar a muchas personas. Los empresarios invertimos con una palabra que se llama ROE (retorno a nuestras inversiones). En el Patronato tenemos un retorno, principalmente yo, no a las inversiones, sino a la emoción.
Creo que no todo en la vida es ganar dinero. Gracias a Dios he tenido suerte en mi vida personal, empresarial y familiar. Siento que hacer algo por esta tierra que me vio nacer, que me educó, que me hizo emprendedor y exitoso, es una forma de agradecer. Ese agradecimiento me ha hecho encontrarme con ese ROE emocional de personas, de encuentros, de muestras de cariño… Nos dice Carlos Añaños, mirándonos a los ojos, visiblemente emocionado.
Ahora entendemos por qué tanto afecto en las calles y en las redes. Carlitos lo llaman con confianza para saludarlo al verlo pasar. Para sus paisanos no es alguien inalcanzable, sino un amigo cercano al que admiran que les devolverá un abrazo sentido, y la satisfacción de decir en voz alta: “Soy Ayacuchano”.




