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Comunidad de Asia transforma el desierto de Sarapampa en un paraíso verde

Son 4,780 comuneros de Asia, a 100 kilómetros al sur de Lima, en la provincia de Cañete, quienes en trabajo colectivo vienen transformando el desierto de Sarapampa en áreas de cultivos de mayacuyá.

Texto y fotos: Iván Reyna Ramos

Es así como los comuneros del distrito de Asia, presidido por Alfredo García Penas y su junta directiva se reúnen en faenas comunitarias para generarle vida a una tierra inhóspita, y de paso, integrarse ellos mismos en el proceso de recuperación de sus tierras que históricamente les pertenece.

La Comunidad Campesina de Asia, reconocida por Ley desde 1932, está conformada por hombres y mujeres descendientes de esta tierra que desde sus inicios tuvieron la misión de cuidar su patrimonio natural, y es así que, en asamblea general de marzo de este año, decidieron por unanimidad transformar el oceánico desierto en un ambicioso proyecto de producción de maracuyá. Desde entonces, en grupos organizados labraron la tierra, abrieron los surcos, sembraron y ya ven el crecimiento de 14,000 plantas en cuatro hectáreas. La meta es llegar a fin del año 2026 con 20 hectáreas de maracuyá en producción.

“Estamos retomando la herencia cultural que nos dejaron nuestros abuelos y padres en trabajar comunitariamente, dar el ejemplo de sembrar para las futuras generaciones, que Sarapampa debe convertirse no sólo en una extensa área verde sino pensar en una agroindustria que garantice la estabilidad económica de las familias”, sostiene Alfredo García Penas, presidente de la Comunidad Campesina de Asia.

El maracuyá que se viene cultivando en Sarapampa alta, ubicado en el Anexo de Esquina de Asia, corresponde a la especie Passiflora edulis, variedad amarillo, y si bien es una fruta originaria de la Amazonía que requiere de clima templado, se ha adaptado perfectamente en los predios de Asia.

Por lo pronto, la Comunidad Campesina de Asia ha garantizado el cultivo de maracuyá con el abastecimiento de agua mediante riego tecnificado por gravedad. En el 2015, en la primera gestión de don Alfredo García implementó un pozo cercano de 100 metros de profundidad que hoy permite dotar de agua al emprendimiento comunal. La inversión destinada a este proyecto es de unos 60,000 soles.

Respecto a la venta de maracuyá, la Comunidad Campesina de Asia ya tiene asegurada la compra de la producción hasta el 2027, al haber suscrito un convenio con la empresa Aseptic Peruvian Fruit S.A., representado por el gerente general Vittorio Larco Sousa, cuya firma comercial está dedicada a la exportación y comercialización de productos agrícolas, así como el procesamiento de frutas en el lugar conocido como Haras Rancho Sur, Km. 99.5 de la Panamericana Sur, en el distrito de Asia.

Aseptic Peruvian Fruit se ha comprometido no sólo en comprar la cosecha de maracuyá certificada a precio de mercado, sino que en contraprestación le proporciona a la Comunidad las plántulas acompañado de asistencia técnica que requiere el cultivo, esto con la finalidad de maximizar la cantidad de frutos que cumplan el tamaño, color, sabor, además de los estándares de calidad que exigen las normas del mercado mundial en frutas que estén libres de pesticidas y tóxicos dañinos para la salud. De esta manera también queda asegurado los puestos de trabajo para los comuneros de Asia.

El maracuyá es una especie trepadora que vive alrededor de 7 años, y una planta bien manejada puede llegar a producir hasta 70 Kg. de frutos al año. Los especialistas recomiendan que el cultivo debe estar separado por filas, manejado con espaldera, alambres, postes para el soporte, tutores para guiar los brotes, estimándose que una hectárea puede albergar unas 1,000 plantas. La cosecha empieza a partir del sétimo mes.

Fue a partir del 2015 que la gestión de Alfredo García se destacó en fortalecer importantes proyectos como la restauración ecológica de las lomas de Asia, y este denominado “10 hectáreas” que están orientados a revalorar los recursos naturales y la recuperación de tierras eriazas para ponerlas en producción, aspectos favorables para el crecimiento sostenible de la Comunidad.

Para caminar sobre tierra fértil, García Penas sometió a los estudios de suelo el extenso arenal, y puso en marcha experimentos de cultivos de tara, higos, tomate, sandía, maíz, camote, uva, pitahaya, ciruela, manzana, limón, zapallo, beterraga, culantro, apio. Todos con excelentes resultados. Es así como se embarca con el cultivo de maracuyá a gran escala, el mayor emprendimiento de economía verde impulsado por la Comunidad Campesina de Asia.

De acuerdo con los estudios del arqueólogo suizo Fréderic Engel, quien apoyado en el científico Ters, explica que hace 10,000 años el mar estaba 60 metros más abajo, es decir, lo que hoy conocemos como Sarapampa era fondo marino. Al friccionarse las placas tectónicas se formó una enorme arruga sobre la superficie, y con el tiempo se convirtió en dunas. En la época de los incas, este arenal fue elegido para guardar semillas, especialmente de maíz cosechado en el valle mediante una técnica de conservación llamada “colca” o granero. De ahí que los incas le pusieron por nombre Sarapampa a este lugar, que en quechua quiere decir “la pampa del maíz”.

Con el cambio del desierto en el que el agua es la clave de la transformación, también se revitaliza el ecosistema y da paso al refugio de nuevas vidas como el zorro andino (Lycalopex culpaeus) y el zorro costeño (Lycalopex sechurae), aves como el chupa aguacero (Geositta peruviana), el huerequeque (Burhinus superciliaris), el puco-puco menor (Thinocorus rumicivorus), lagartijas y otros seres que han hecho de este bucólico paraje su hábitat natural. Una razón más para que los directivos de la Comunidad planifiquen -más adelante- la implementación de miradores, áreas de cultivos, zona de ganadería, deportes de aventura y demás infraestructuras orientadas al turismo rural comunitario.

En suma, todo este trabajo ha dado lugar al concepto de “pensamiento verde” de la Comunidad Campesina de Asia, que consiste en trabajar sin desmayo, avanzar contra las dificultades, forjar el legado de las futuras generaciones de comuneros, innovar con audacia los páramos de vida, perennizar una de las mayores conquistas hechas por el hombre de Asia, que, inquebrantablemente vienen transformando la tierra desértica en un paraíso verde.

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