Portada » Kosñipata: exploraciones y descubrimientos en la puerta de entrada al Manu
Destinos Largos

Kosñipata: exploraciones y descubrimientos en la puerta de entrada al Manu

Jaguar se desplaza por el parque del Manu_ Foto: Estación Cocha Cashu

Nadie está preparado para cruzarse con un jaguar. No se está listo. En esos crudos segundos que piensas en la fascinante pero peligrosa criatura con la que te podrías topar; no te mueves. Solo observas como las huanganas corren disparadas. ¿Puede tratarse del felino?

Wayquecha Bosque de Nubes Foto: Acca

El territorio de un macho adulto puede abarcar varios kilómetros dentro del Parque Nacional del Manu, uno de los últimos refugios silvestres en la amazonía, por eso es poco probable que se cuente haberlo visto alguna vez, pero existen registros.   En esta rápida persecución, no se sabe bien lo que se vio pero cazador y presa se pierden en el follaje.

Pocos nombres evocan tanto el imaginario viajero como el Manu: la vida insospechada, desconocida y efervescente que allí habita, puebla también las firmas editoriales. Cuatro letras que han generado innumerables publicaciones y que han intentado contener al Manu en centenares de páginas, pero no importa cuánta tinta corra: el objetivo siempre será observar de cerca este rincón que es corazón palpitante  de la amazonía.

Paucartambo en Cusco es una de las vías de entrada al Manu. Foto H Quispe

Lo curioso es que  la entrada a este santuario de la biodiversidad se inicia en los Andes y en un bonito trayecto desde Cusco a Paucartambo por carretera que llega hasta el mismísimo Puente Carlos III, el colonial puente símbolo de la otrora prestancia de la localidad. Sus callecitas estrechas y sus balcones azulados no te pueden hipnotizar, pero, realmente, vale la pena realizar un pequeño recorrido. Irresistible es esta localidad cuando su patrona, la Mamacha Carmen, festeja.

Wayqecha desde un dron

Así se ve nuestra Estación Biológica #Wayqecha desde un #dron. ?? En Wayqecha Biological Station – Biolodge diversas trochas te sumergirán en el bosque nublado para conocer la fantástica flora y fauna del lugar.

Posted by Conservación Amazónica – ACCA on Monday, June 10, 2019

La ruta cordillerana nos llevará hasta la entrada de la Reserva de Biosfera, concretamente al Abra Acjanaco. A 4000m el aire pesa, cada paso pesa. Es lo más alto. Desde aquí, desde las estepas andinas comenzamos la caída libre hacia los bosques nubosos. Un viaje a ventana transpirada hasta las densas fibras de la geografía andino amazónica.

Desde los primeros años de escuela aprendimos que el Perú tiene tres regiones. Pero sorprende evocar aquellas lecciones al transitar hasta el Valle del Kosñipata en el que hay que sortear al menos 5 pisos ecológicos y existe una duda sobre la región a la que pertenecen estos parajes. Los cambios en los ecosistemas, que sirven de refugio para la fauna y flora del lugar, no dejan de asombrar y para cuando se llega a Wayquecha Lodge Bosque de Nubes se tiene más preguntas que respuestas.

Comedor en Villa Carmen Lodge. Foto: Sire Martínez

Cruzar el río en una oroya a través de la espesura amazónica, caminar por puentes colgantes entre ramas a 40 metros de altura o adentrarse en la espesa niebla de un bosque lluvioso. No parece precisamente un centro dedicado a la investigación. En un principio el espacio estaba destinado solo a la investigación científica pero que con el tiempo Amazon Journeys, quien impulsa estos establecimientos, tutelados por Conservación Amazónica- Acca, fue abriendo sus puertas, anaqueles y descubrimientos a todo el público.

Canopy Walkway en Wayquecha Foto: Sire Martinez

Aprovechando  la tarde para caminar sobre el canopy walkway y explorar el bosque desde las copas de los árboles, uno alcanza a reflexionar sobre la “mecánica” de ese denso manto verde que se pierde en el horizonte. Sobre nuestros pies, el valle nuboso de Kosñipata se nutre y crece como una esponja gigantesca en las cabeceras de la cuenca amazónica, absorbe la lluvia y luego condensa el agua de las nubes para gradualmente liberarla pisos ecológicos abajo. Estos bosques generan más del 50% del agua que se encuentra en la cuenca baja de la Amazonía. Gracias a esta complejidad topográfica el resultado es una excepcional gama de hábitats que sostienen un gran número de especies de aves y orquídeas.

Masdevallias, Maxillarias, Lepanthes y más tipos de orquídeas, dependiendo de la estación muestran sus coloridas floraciones  . Sus caprichosas formas no solo captan nuestra atención, también la de las aves; por eso el espacio de 400 metros del orquideario de la estación biológica se convierte en un laboratorio para contemplar el microcosmos natural, los enlaces y prestaciones que las especies tienen entre sí.  Con la ayuda de los científicos residentes y las charlas que hermanan en las sobremesas, a la hora de cenar, es posible subsanar décadas de ignorancia sobre la fantástica geografía que nos rodea y salir de allí queriendo hacer un postgrado en Ciencias Ambientales.

Orquídea de Wayquecha bosque de nubes. Foto: Francisco LLacma

Hay que tener espíritu de investigador para realmente  aventurarse por estos bosques al amanecer. Café o mate de coca, bien caliente, es el único antídoto para el frío en Tres Cruces, un mirador natural al que hay que llegar alguna vez en la vida. Hasta este punto, -cuentan los locales-, llegaban los indios escapando de la esclavitud cauchera en la selva llana, y, haciendo la señal de la cruz tres veces, exorcizaban años de sufrimiento. Pero ahora estamos parados aquí aguardando el “Baile del Sol”, esos singulares amaneceres con efectos ópticos del astro rey que dan la impresión de reverberar sobre las nubes que cubren la selva del lugar.  Con esta visión “oceánica” de la amazonía el curso sigue por  este bosque nublado hasta la Colpa del Gallito de las Rocas para ver al ave nacional del Perú.

Salida del Sol en Tres Cruces. Foto: Laura Samaniego

El descenso continúa hasta la rupa rupa,  y al encuentro de Villa Carmen Lodge, justo al pie de los andes  en la confluencia del Río Piñipiñi con el Río Pilcopata. Aquí no solo los pisos ecológicos se cruzan, aquí también ocurre una encrucijada natural y cultural excepcional. Al pie de la Cordillera de Los Andes, en los alrededores de Villa Carmen, se encuentran el bosque nublado andino y la selva baja amazónica, así como la cercanía a culturas indígenas amazónicas y andinas.

El día comienza en una  Maloca, con una charla informativa de la agricultura sostenible que se desarrolla en el refugio. Entenderás porqué la Mandala, que es un tipo de huerta para el autoabastecimiento de la estación,  sirve como ejemplo para el resto de huertas, y en ellas se priorizan cultivos locales como: uncucha, granadilla, maracuya; Cacho de Cabra ,Dulce, Charapita y Arnaucho algunos de los tipos de ajíes de la zona,  yucas y otros más.

Vista del comedor de Villa Carmen Lodge. Foto: Sire Martínez

Un recorrido por unos estanques de crianza nos presenta al Paco (Piaractus brachypomus), un pez gigante amazónico. Alimentar a estos enormes peces de panza roja, y quizá la oportunidad de participar de su captura son otras de las experiencias en Villa Carmen.

Pero casi todo lo que se puede encontrar por aquí es más que un lujo para los visitantes, es una invitación a la exploración. La infraestructura de este refugio nada tiene que envidiar a las más cómodas estancias, la diferencia es que  intenta vincular a científicos, investigadores y familias de todo el mundo, ocasionar en ellas la atención por la dinámica natural que en estos parajes salta a simple vista, pero que pasa desapercibida en la ciudad.  Al menos eso es lo que se va observando en los 50 km de trochas aledañas al refugio para dar rienda suelta a los descubrimientos: quebradas, ríos, lagunas, humedales, una fauna variada y una que otra exploración nocturna,- a pedido de los huéspedes-, para avistar venados y sajinos, asiduos visitantes a la huerta orgánica.

Todo el pálpito amazónico sobrecoge en un evento: el cruce del río Piñipiñi en una oroya. Con vista de pájaro la visión panorámica de esta porción del Manu no es la misma que con los pies en el suelo. Paseos por cataratas, el clásico chapuzón ribereño,  la posibilidad de visitar a las comunidades de la Reserva Ecológica Haramba – Queros – Huachiperi y conocer un poco de su lengua y cultura.

Pozas de criaderos de Pacos , en Villa Carmen Lodge. Foto: Sire Martínez
Gallito de las Rocas . Diego Perez R.

Esta ruta del Kosñipata,- la puerta de entrada al Manu-, de la mano con  investigadores, quiere más que seducir, quiere que sus visitantes se vuelvan en una suerte de cruzados en la defensa de la biodiversidad que cada día va desapareciendo. Aprender más sobre cómo se desarrolla la vida en estos bosques y el importante papel que cumplen, contribuye a no querer arruinar esa perfecta sintonía natural que se ha descubierto. ….Ah!  Los descubrimientos que nos trae la vida. Al flotar sobre las aguas del Piñipiñi se siente la sensación de que las tangaras, aracaris y otras aves opinan lo mismo.

En rumbo:

Villa Carmen, junto a Wayqecha y  Los Amigos, son bastiones de la conservación en el país. Los tres son administrados por Amazon Journey para Conservación Amazónica- ACCA, y desde que empezó a trabajar,  ha realizado más de un centenar de proyectos de investigación en el sur del Perú, atrayendo a investigadores de todo el mundo. En Villa Carmen se está generando un modelo de desarrollo regional basado en la conservación.  Se experimentan nuevas formas de hacer agricultura, una que esté en armonía con la Amazonía.

¿Cómo Llegar? Desde Cusco se toma un auto que pase por el poblado de Paucartambo, bajar por el valle del Kosñipata donde se llegará a Wayquecha Lodge y luego se continúa hasta Pillcopata para culminar en Villa Carmen Lodge. El viaje dura de 8 a 9 horas y se reparte en cinco días.

Tours: De abril a noviembre es la mejor temporada para hacer este recorrido a cargo  de Amazon Journeys

Reservas: reservas@amazonjourneys.pe

Teléfono:  (082) 621682 – 984 765 547

 

Enterate más sobre Rumbos