Por Fernando Rubio del Valle
Dos protagonistas. Uno es el árbol de la quina (Cinchona spp), y otro es el ingeniero forestal Alejandro Gómez Silvera, su más ferviente estudioso.
El primer protagonista es una de las especies, o grupo de especies, que ha aportado más al tratamiento de enfermedades graves y hasta mortales contraídas en los trópicos y subtrópicos de todo mundo, a través del alcaloide “quinina” que se extrae de la mayoría de sus partes.


La historia narra que, en el siglo XVII, el árbol de la quina salvó de la muerte a la Condesa de Chinchón, esposa del virrey de entonces, de allí su nombre científico. Por otro lado, es un símbolo patrio y emblema nacional un tanto venido a menos, porque ninguna ilustración de nuestro escudo lo representa mínimamente con su aspecto real.

Ahora bien, a pesar de su importancia, el hecho es que en todo el Perú no existen ni dos hectáreas plantadas con alguna de sus 19 especies, y tampoco stocks naturales manejados en el rango de su distribución natural y hábitat, que es mayor a los 25 millones de hectáreas de bosque montano nuboso, existente en las vertientes orientales de nuestros Andes.

Pasemos a nuestro segundo protagonista. Este respetado personaje forma parte del ámbito de la biodiversidad porque ha hecho del género Cinchona su pasión y su modo de vida, estudiándola durante cerca de 10 años y hasta la fecha. Pero una de sus características es que lo hace humilde y silenciosamente, con escasa atención de la mayor parte de los entes competentes, empezando por la academia. Salvo honrosas excepciones, como la Facultad de Química de San Marcos, cuya decana le ha abierto las puertas de San Fernando y brindado facilidades para tener una base estable, con oficina y dos pequeños módulos de vivero, que el ingeniero Alejandro se ha encargado de poner operativos, de acuerdo a sus necesidades de investigación aplicada.
Y aunque esto que voy a decir a continuación transgrede las formas de nuestro protagonista, no puedo inhibirme de expresar abiertamente mi extrañeza – hasta dónde sé – respecto de por qué nuestra común alma mater, la Facultad de Forestales de la UNA La Molina, no ha demostrado mayor interés, y menos puesto al servicio de tan noble e importante causa, sus modernas instalaciones. Pero, dejemos que él mismo, a través de este vídeo casual, nos hable.











