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Ucayali: San Juan, la fiesta del cuerpo y del alma

Dicen que la selva es candente y la fiesta de San Juan lo reafirma. Esta es la oportunidad para confundirse con su gente, disfrutar sus costumbres y envolverse en su cultura a punta de baile.  ¡La fiesta ya empezó!

Los ucayalinos bailan. Se deslizan en veredas, pistas, ventanas, azoteas. Encima de sus motos, arriba de los carros alegóricos, debajo de sus techos de hojas de palmeras. Sus hombros imitan la cola de un cascabel, como si fuesen invertebrados.

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Si Ucayali es una pista de baile, el festival de San Juan es la estela que lo complementa: luces, música, ritmo, sabor. Ellos se mueven con la soltura de quien baila solo en su cuarto. Ellas visten leve, sonríen fácil, bailan como si fuese su estado natural.

Belleza ucayalina a flor de piel. Foto: Marquiño Neyra

Algunas parecen tener la belleza de Juana Burga, la única modelo peruana que resalta en las pasarelas de alta costura en el mundo por su hermosura exótica. El extranjero parece valorar más la arquitectura del rostro peruano, los tintes de su cuerpo y sus sonrisas que se confunden entre la coquetería y el misticismo de una pantera.

Por eso, estar en el festival de San Juan es la forma de reivindicarse con ello: el afrodisíaco selvático se suma a nuestro canon de belleza. Ucayali se presenta como una ciudad que emerge entre la naturaleza y destapa sus virtudes capa tras capa, como un juane.

Los locales definen a sus chicas como “coquetas y guapas”. Un mototaxista te dirá que las ucayalinas son “morenitas” y “bien pilas”. Una viandera de Tarapoto que radica hace más de 20 años acá, señalará que son “chicas alegres”. La recepcionista del hotel asegurará que son “divertidas… pero nada más”. Con sus ojos parece repetir: nada más. Y se marchará con la firmeza de una embajadora plenipotenciaria.

Escolares danzan el ritmo de Tanguiño, un baile ritual que realizaban los antiguos shipibos. Foto: Marquiño Neyra

Pero eso será después. La belleza distrae pero no distorsiona. Los ucayalinos siguen bailando. Los escolares danzan el ritmo de Tanguiño, un baile ancestral, donde los alumnos están pintados con los colores de la culebra aguaje machaco (rusty whipsnake), conocida por tener un tinte rojizo similar al del fruto del aguaje, a lo que debe su nombre.

Aunque anochezca, el clima es suave, el viento acaricia y la gente sigue sumándose. Luego premiarán al mejor carro alegórico y a la mejor danza escolar. Pero, a estas alturas, eso ya no importa.

La premiación es un simbolismo para agasajar los esfuerzos que a su vez tiñen de ritmo las calles ucayalinas, que están impresas de niños que juegan, parejas que caminan y adultos que sonríen. Todos ellos olvidan los albores del día a día, son uno con la festividad y se comunican con su verdadero yo. La fiesta de San Juan cumple su cometido. Ellos seguirán bailando.

 *Dónde comer

Pollería El Sabor. Dirección: Saenz Peña 580, distrito de Callería en Coronel Portillo, Ucayali.

*Dónde hospedarse

Hotel Boulevard. Dirección: Avenida San Martín 340, Pucallpa – Ucayali. /  Tel. 061 579797 – 994428687 – 994428687 / correo: reservas@boulevardplaza.pe

 

 

Acerca del autor

Marquiño Neyra

Periodista, chiflero y grunger.

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