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No, la corteza del árbol de la quina no es la cura al coronavirus

Por Kim Walker, Cassandra Quave y Nataly Canales

Últimamente hay algunas publicaciones que promocionan los efectos curativos de la cinchona, o árbol de la quina, que han circulado en redes sociales como Instagram y Facebook. Estas publicaciones prometen una fuente “natural” de la cloroquina que necesita prescripción.

Actualmente, la cloroquina y la hidroxicloroquina se están investigando como posibles tratamiento para COVID-19. El público ha prestado mayor atención a estos medicamentos desde que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, mencionó resultados prometedores en un discurso el 19 de marzo del 2020. Ya que estos medicamentos no se encuentran disponibles sin receta y son relativamente escasos, hay un creciente interés en fuentes alternativas y la corteza del árbol cinchona se anuncia como tal.

La hidroxiquinina y cloroquina son medicamentos antimaláricos. (Aunque, a pesar de casi un siglo de uso, los científicos aún no logran entender cómo funcionan las propiedades antimaláricas). Estos medicamentos también se prescriben para el lupus y artritis reumatoide.

Aunque la mayoría de personas no habrían oído hablar de estos medicamentos si no fuera por las recientes noticias sobre investigaciones que sugieren que estos pueden inhibir la capacidad de este nuevo coronavirus de infectar células. Sin embargo, algunos han expresado su preocupación por la calidad de las pruebas y las declaraciones de Trump. Aún más preocupantes son los reportes de personas auto-medicándose, una pareja tomó un limpiador de pecera, lo que resultó en el fallecimiento de uno y la hospitalización de la otra.

También ha habido una creciente demanda de cloroquina, lo que resultó en que algunos pacientes no puedan acceder a sus recetas regulares.

Cinchona, quinina y cloroquina

Desde su descubrimiento en el siglo XVII, la corteza del árbol andino de cinchona y sus componentes químicos, conocidos como alcaloides del tipo quinoleína (quinina, quinidina, cinconina y cinchonidina), proporcionaron el único tratamiento para la malaria por más de 300 años. En 1934, algunos científicos desarrollaron el primer antipalúdico sintético, más tarde conocido como cloroquina. Aunque la cloroquina se inspiró en la actividad antipalúdica de la quinina, su estructura química (y propiedades farmacológicas) es bastante diferente de los compuestos naturales que se encuentran en la corteza de cinchona.

Las diferentes estructuras químicas de quinine y cloroquina. Cassandra Quave, Emory University. 

Hasta la fecha, no hay evidencia clínica o de laboratorio que la quinina o algún compuesto de la corteza de cinchona muestre actividad contra COVID-19. Además, no todo lo natural es seguro. La cinchona y la quinina son tóxicas y pueden causar serios efectos secundarios graves conocidos como “cinchonismo”, que pueden incluir sordera y pérdida de la visión, problemas respiratorios y problemas cardíacos y renales. También puede inducir a un coma.

Si bien las píldoras de quinina alguna vez se vendieron sin receta en los Estados Unidos para tratar calambres nocturnos en las piernas, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) las retiró del mercado en el 2006 después de que se informaron graves efectos secundarios y muertes.

El mercantilismo de la pandemia

La historia está llena de ejemplos de personas que se benefician económicamente del pánico y el miedo del público durante tiempos inestables. La agencia policial de la Unión Europea ya ha confiscado 48,000 paquetes de productos farmacéuticos potencialmente peligrosos, incluida la cloroquina no autorizada, así como máscaras falsas y curas falsas de coronavirus.

Elaboran un tercer medicamento a base de quina después de la cloroquina y la hidroxicloroquina. La República

Los beneficios, si los hay, de la cloroquina o la hidroxicloroquina para el tratamiento de COVID-19 aún no se entienden completamente. La corteza de cinchona no contiene ninguno de estos compuestos y los alcaloides en la corteza no tienen relación con ellos. Del mismo modo, hasta ahora no hay evidencia de que la cinchona pueda prevenir o tratar COVID-19.

La cinchona es altamente tóxica y se debe evitar la automedicación con ella o cualquier otra cura no comprobada. Proteja su salud y no desperdicie dinero financiando a personas y compañías poco éticas que se aprovechan del miedo en estos tiempos inciertos.

Árbol de la quina . Foto: Difusión

Traducido de https://theconversation.com/no-cinchona-bark-is-not-a-cure-for-coronavirus-134947  Traducido al español por Nataly Canales.

Kim Walker es estudiante de PhD, Colección de Botánica Económica, Real Jardín Botánico, Kew, Royal Holloway.

Cassandra Quave es profesora asistente de Dermatología y Salud Humana; Curadora de Herbario, Universidad de Emory.

Nataly Olivia A Canales es estudiante de PhD en Genómica Evolutiva, Museo de Historia Natural de Dinamarca, Universidad de Copenhagen.

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